La doble cara de la inmigración española en Alemania

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  • Las dramáticas cifras de paro en España obligan a miles de españoles a coger las maletas en busca de un futuro mejor, aunque ello conlleve un trabajo no cualificado Alemania es, al igual que en la década de los 60, uno de los destinos más populares entre los nuevos emigrantes.

Centenares de maletas inundan a diario los aeropuertos españoles. No son unas alegres vacaciones de verano, tampoco la vuelta a casa por Navidad. Por sus pasillos; madres que sufren, padres que lloran, parejas que se separan. Las despedidas son amargas, los llantos ya no tienen el consuelo de un retorno definido. El dolor del adiós contrasta con la ilusión de un futuro teñido de esperanza, fuera de las fronteras de un país cuyo cajón, desnivelado, no soporta el peso de cientos de miles de diplomas.

El flujo de inmigrantes españoles en Alemania es cada vez mayor. El pasado año 2012 recibió a 29.910, cifras que respecto a 2011 suponen un incremento del 45%, lo que se traduce en 9.238 hispanos más que ven en el país germano una oportunidad para adquirir experiencia profesional y labrarse un futuro.

Alemania no recibía tantos inmigrantes desde 1995, y es que el país teutón tiene la tasa de paro más baja de la Unión Europea (en torno al 5,5%). Según la Agencia Federal de Empleo alemana, en 2012 había cerca de 50.000 españoles con trabajo.

Fuga de cerebros y cerebros fugados

in embargo, más allá de los datos, la realidad transmite que el hecho de tener estudios superiores y emigrar a Alemania no asegura un puesto de trabajo cualificado para todos los emigrantes españoles, muchos de ellos optan por regresar pasados unos meses. En la calle se pueden encontrar múltiples historias entre españoles que tienen estudios superiores.

“Tenía asumido que no iba a tener un trabajo cualificado nada más llegar”, nos cuenta Daniela (cuyo nombre real prefiere ocultar) una periodista de 26 años que trabaja de cara al público, cuyo nivel avanzado de alemán -adquirido en la Escuela Oficial de Idiomas- le permitió optar a un puesto de trabajo. “El inglés aquí no sirve, y si no hablas alemán lo llevas bastante crudo”, indica.

José Berlanga, ingeniero informático, emprendió su camino hacia tierras teutonas debido a la situación de desempleo en la que se hallaba. “Busqué una salida, un trabajo que me diera la posibilidad de independizarme”, explica. Pese a lograrlo, su experiencia laboral como almacenista en una filial de Mango no fue la deseada. José decidió retornar a su Málaga natal tres meses después. “Nadie me dijo que mi trabajo consistiría en ser un mulo de carga”, comenta, añadiendo que se sintió “maltratado psicológicamente” por sus superiores.

Según los datos publicados en la prensa nacional española, casi la mitad de los nuevos inmigrantes españoles en Alemania tienen estudios superiores finalizados -un 14% más que en 2005 si tenemos en cuenta los datos que ofrece el Instituto para el Mercado del Trabajo de Nuremberg (IAB)-. Inmigrantes cualificados que Alemania acoge con agrado, especialmente en los campos de la ingeniería y de la medicina. En palabras de la ministra de Empleo alemana, Ursula von der Leyen, esto es un “golpe de suerte”. «El nuevo perfil cualificado de la inmigración ayuda a nuestro país, lo rejuvenece y lo hace más creativo e internacional», señaló.

 

 

5sep/amodom

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