La doble crisis de los inmigrantes

Langreo / Mieres, C. M. B.

Las asociaciones de apoyo a los extranjeros alertan del desamparo social del colectivo, que provoca que muchos de ellos busquen un lugar con más expectativas de futuro

La crisis económica golpea cada vez con más fuerza, pero no ataca con la misma intensidad a todos los colectivos. Los inmigrantes, con la familia lejos y en muchas ocasiones sin ningún apoyo fuera de su país, están cayendo sin red. Los extranjeros que viven en las Cuencas no son una excepción y muchos ya han tenido que regresar a su país o mudarse a otro lugar con más expectativas de futuro. La falta de ayudas, su percepción de un incremento de los comportamientos xenófobos y la sensación de desamparo social son los principales problemas de los que han decidido buscarse la vida en las Cuencas y están muy lejos de su país de origen.

La demanda de ayuda crece y la oferta cae en picado por la falta de recursos. La ONG Manos Extendidas tiene en Mieres dos viviendas de emergencia social. La primera, en Turón, se dedica a dar cobijo a las familias de extranjeros que se encuentran en riesgo. La otra está ubicada en Santullano y se ofrece a las mujeres con niños que se ven en situaciones límite. A menos que ocurra un milagro, la organización tendrá que clausurar uno de los pisos.

«No tenemos ayudas y no hemos podido recaudar fondos», explica Juan Sánchez, presidente de Manos Extendidas. Desde que empezó la crisis, el mantenimiento de las viviendas ha estado en la cuerda floja y la organización, con el apoyo de otros colectivos, ha emprendido campañas para intentar recaudar fondos. Ningún esfuerzo ha tenido, por el momento, la esperada recompensa.

Las socias de la asociación de mujeres inmigrantes Las Golondrinas organizaron el año pasado un rastrillo solidario para ayudar a la ONG, pero no lograron recaudar lo necesario. Este colectivo, que nació en 2006 con el objetivo de promover la integración de las mujeres extranjeras en la comarca del Caudal, también siente fuerte los efectos de la crisis. En 2012 apenas recibió ayudas y en el último año ha pasado de sesenta a veinte socias.

La presidenta del colectivo, Gladys Nieves, asegura que el número puede seguir bajando. «Muchas de las mujeres extranjeras de Mieres se marchan a otros lugares y, además, la gente no está ilusionada ni tiene ganas de tirar por una asociación», señala. Nieves es uruguaya pero llegó a Mieres desde Argentina huyendo de la crisis que golpeó al país sudamericano. «Muchos me preguntan si esto se parece a lo que yo viví allá. Se parece mucho y las preferentes parecen el inicio de un «corralito»», asegura la presidenta de Las Golondrinas.

Gladys Nieves ha comenzado a percibir «auténticos dramas» entre los inmigrantes de Mieres. La gran mayoría de la población extranjera en la comarca del Caudal son mujeres latinas, que se habían dedicado hasta el momento a la ayuda domiciliaria. «No estaban aseguradas y ahora se van a la calle, ¿Dónde van a reclamar algo?», pregunta Nieves sentada frente a un café. A esta situación se suma su percepción de que las conductas xenófobas están en pleno crecimiento. «Aquí no tenemos ni para nosotros, mejor vais a vuestro país»; «venís a quitarnos el poco trabajo que podemos encontrar»,; «tenéis mucha culpa de lo que está pasando». Estas son algunas de las perlas que han tenido que escuchar las socias de Las Golondrinas y temen que las cosas vayan a peor. No obstante, ellas siguen adelante con su trabajo y este año también han organizado la campaña de recogida de juguetes para familias con pocos recursos. Los entregarán en una fiesta mañana martes.

Algunos se dedican a fomentar la xenofobia, pero las Cuencas siguen siendo solidarias. Al menos eso opina el presidente de la Asociación Pro Inmigrantes Intervalo, Benjamín Braga. «Siempre hay gente cerrada de mente, pero nosotros notamos mucha solidaridad», asegura el máximo responsable de este colectivo, que se dedica a la integración de extranjeros en Langreo desde 1997. La asociación sigue adelante con la «buena colaboración» del Ayuntamiento de Langreo, que pone a su disposición las instalaciones municipales para la realización de talleres y charlas.

Benjamín Braga no percibe un aumento de las conductas xenófobas, pero sí que se ha dado cuenta del «éxodo» de los extranjeros que viven en las Cuencas. «La mitad de los vecinos que teníamos aquí checos y polacos se han ido a otros países o han vuelto a casa por la crisis del sector minero», señala. Otros siguen «aguantando el chaparrón» y esperarán a que se pongan mejor las cosas.

Y es que muchos de los que llegaron a las Cuencas, se asentaron y ya han formado aquí su familia. «Nunca imaginamos que las cosas pudieran llegar a este punto», asegura Gladys Nieves. Ella, de momento, no se plantea la vuelta a casa porque ya siente que Mieres es su hogar. Mientras tanto, espera que siga habiendo gente dispuesta a echar una mano. A coger en el aire a los que caen sin red.

via: ine.es

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