La locura buena

 

Yefry Alexander
@OrtegaAbreu

Nuestra historia está llena de hombres locos. Qué pensaban los contemporáneos de colosos como Gandhi, Luther King o Mandela cuando querían liberar a sus respectivos pueblos del yugo que les oprimía. Es imposible, no se puede cambiar la situación, los poderosos no lo permitirán; es lo que más de uno pensaba y decía. Otros se atrevían a afirmar que sólo un loco podía plantear semejante atrevimiento. Sólo una locura innegable podía ser la causa de que David desafiara a Goliat. Estamos de acuerdo: todos ellos estaban locos pero, ¿padecían una locura buena o mala?.

La historia recoge el resultado de la locura de Gandhi, Luther King y Mandela. Estaban locos, pero su locura era buena. No cabe duda. Un hombre tiene la obligación de cambiar lo que está mal y de dejar su entorno mejor de cómo lo recibió. En la Republica Dominicana necesitamos una ola de locura buena, necesitamos que más dominicanos tengan el atrevimiento de desafiar al poder, de liberar al país del yugo, de derivar a Goliat.

Como en el fondo lo importante no son los nombres sino la causa en sí misma, es preciso determinar, no quien es o debería ser nuestro David sino qué es lo que éste debe derribar, es decir, ¿qué es lo que representa Goliat?
Goliat está presente cuando una madre lleva a su hijo a un hospital y allí recibe una atención deficiente, donde tiene prácticamente que rogar por recibir el servicio. Acaso no veis a Goliat en el sistema educativo que condena y adoctrina a una generación a la mediocridad. Créeme, Goliat está ahí cuando el padre no tiene esperanzas en que la Justicia le haga justicia a su hijo asesinado o cuando se libera al más descarado de los corruptos; el maldito gigante también obliga a muchos a marcharse a otras tierras en búsqueda de una oportunidad de progreso. Derrotemos a Goliat, seamos David. Por obligación, por piedad, por los que vienen detrás, por conciencia, por honor, por contar algo cuando seamos mayores, pero actuemos ya.

¿Cómo venceremos? David uso una honda (tira piedras), un objeto que a priori podíamos pensar que era insuficiente, pero éste bastó porque fue utilizado con la precisión justa. Golpeó donde tenía que golpear. La educación y la crítica es nuestra honda. Al igual podemos pensar que son insuficientes para derrotar a nuestro Goliat, pero nada más lejos de la realidad. Debemos buscar el conocimiento y apoderarnos de él. Debemos usar la crítica para decirle a los que nos gobiernan que estamos atentos de sus actuaciones y que no le permitiremos un paso en falso. Hace unos años, le escuche decir a un político dominicano, en el cual se depositaron muchas esperanzas que: «la educación es sinónimo de libertad», y verdaderamente lo es.

Es menester que entre todo propiciemos esa revolución pero no, en principio, utilizando la fuerza de las armas; debemos utilizar la fuerza del conocimiento y estar vigilantes a través de la crítica. Cuando estemos reunidos con la familia, con los amigos, hablemos de lo que somos y de donde queremos estar. Empecemos dando ese pequeño paso y terminaremos, más temprano que tarde, derrotando al gigante, derrotando a Goliat.
No tengamos ningún reparo en ser locos, en padecer la locura buena.

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