La música forma de vida de los dominicanos (1)

Lic.Doris Araujo

Lic.Doris Araujo

Por Doris Araujo

Pocos pueblos son tan musicales como el dominicano. Raro es el momento en que música y la danza no acompañen, de una u otra manera, la vida diaria en el en toda la República Dominicana. La música aflora desde todas las tiendas, bares y casas, presente de forma innata en cada individuo como sentimiento colectivo.
Siempre hay una radio sonando, alguien tocando algún instrumento o una pareja bailando en cualquier esquina. No hay edades, solo sensibilidad, solo ritmo. El baile es su pasión favorita, que desde niños disfrutan con un sentido y una sensualidad difíciles de imitar.
La música en la República Dominicana es variada y heterogénea. Como en todo el Caribe, se ha ido elaborando progresivamente a partir del siglo XVI por un proceso complejo de transformación criolla, a veces con una reinterpretación o una recreación de la música europea y africana, y otras veces con configuraciones inéditas y con influencia de las migraciones de ida y vuelta con Cuba y Puerto Rico, así como con las de todo el Caribe.

La represión impuesta desde la dictadura de Trujillo y en posteriores gobiernos que queda de manifiesto todavía en la vida de los dominicanos, afectó de una forma muy peculiar a la danza y al baile, sensuales y con claras referencias sexuales en los que los dominicanos liberan sus sentidos y desatan toda su creatividad.

Los indígenas y los africanos dejaron como herencia directa la fuerza de la percusión y un gran sentido rítmico, tan presente en la música latinoamericana. La percusión, que empleada en la antigüedad para acompañar los actos litúrgicos, ceremonias, ritos y para dulcificar el peso del trabajo, también se asoció a visiones mágico-religiosas de la vida y el mundo.

Los taínos del Caribe memorizaban sus historias y leyendas a través de cantos que combinaban con música y bailes. El Areito es una de las celebraciones de las que ha quedado constancia. Consistía en una ceremonia compuesta por música y danza destinada a prolongar la memoria de las tribus, con base en la percusión.
Es difícil constatar hasta la influencia en ritmos y melodías de la música indígena en la música dominicana actual, conservándose únicamente algunos instrumentos que se siguen utilizando.

Los ritmos y manifestaciones culturales del África Negra que los esclavos llevaron consigo fueron practicadas en las plantaciones. El intento de prohibición por parte de los colonos por su erotismo, su exuberancia sensual y su atrevida liturgia nunca fue real.

Los conquistadores españoles introdujeron en la isla sus conocimientos de la notación musical y sus instrumentos de cuerda, viento y teclado, además de la música que acompañaba a la liturgia cristiana. La tradición musical ibérica y muchos de los ritmos populares (como el zapateo, el fandango y la seguidilla, a los que agregarían otros con el tiempo), se asentaron en el continente americano.

Con la llegada de los primeros inmigrantes, también hicieron aparición los ritmos populares andaluces. Aparte del romance, los himnos y rosarios cantados por los conquistadores, el canto de motetes y villancicos, además del gusto por las danzas y los bailes fueron prolongados por los colonos en tierras americanas. En los barcos también hubo un hueco para distintos instrumentos para acompañar las danzas al aire libre, fiestas y ceremonias públicas.

No tardaron en mezclarse los ritmos sincopados de estilo africano con la música inspirada en moldes europeos y la herencia indígena, iniciándose un largo proceso de trasculturación por el que se dio lugar a estilos como el merengue y la bachata en la Dominicana.

Continuará——

Facebook Comments