La ventaja de Donald Trump

La ventaja de Donald Trump

Por EDWARD VERAS

El magnate multimillonario estadounidense Donald Trump, principal fiduciario del reality show que impulsa al mundo a ver el cuerpo femenino como un elemento de uso mercadológico, ha tomado en serio últimamente eso de ser aspirante a la presidencia de los Estados Unidos.

Trump, al igual que el ultraderechista nazi-evangélico Pat Robertson (dueño del emporio CBN, cadena productora del afamado Club 700), han sido aspirantes eternos a ocupar el solio en la Casa Blanca, desde las huestes más conservadoras del Partido Republicano.

La estrategia usada recientemente por Trump nos da a entender que posee esta vez buenos asesores y que realmente tiene una ruta, difícil pero con salida posible hacia noviembre del 16. Sus recientes ataques a negros, latinos, gays, musulmanes, judíos y jugadores de criquet, así lo muestran.

De repente, mediciones de alta credibilidad en algunos estados lo colocan puntero dentro de su partido, compitiendo cara a cara con la realeza que representa el tercero de los Bush y a pocos puntos de popularidad con la heredera natural de la dinastía Kennedy-Clinton.

Si bien es cierto que atacar a negros te aleja de los estados de Nueva York o Michigan, o que atacar a Latinos representa una desventaja en La Florida, California, New Jersey o Puerto Rico, esta acción le beneficia en estados más ultraconservadores como Arizona y su ley SB 1070. Allí, ser mexicano o de cualquier otra parte del mundo, inmediatamente te convierte en delincuente.

Los asesores de Trump saben muy bien que 150 años después, aun ondean banderas confederadas en la mitad de los hogares de los estados del sur y que específicamente en el estado de Georgia, resultaría más simple desarmar la población que bajar su bandera de barras azules cruzadas. Esos estrategas por igual estiman que en el estado de Misisipi, la población votó abrumadoramente en abril del 2001, para mantener ese símbolo que representó la desigualdad étnica entre 1861 y 1865. Igual suerte ha ocurrido en el estado de Alabama.

Aunque resulte difícil competir con Bush en La Florida, la gente de Trump ha estudiado muy bien que los latinos (especialmente descendientes de disidentes cubanos) no son bienvenidos en ciudades famosas como FortLauderdale, Jacksonville o Tampa.

Para Trump y su estrategia de campaña, le sería muy fácil ganar en la población blanca segregada en estados como Texas o Nuevo México donde grupos armados organizados custodian celosamente la amurallada frontera, en algunos casos disparando a matar a quien logre cruzarla. Estados como Kansas, Alabama, Tennessee, Nebraska y una docena más del sur y centro no le opondrían objeción a su campaña racista y xenófoba. Por igual, el radicalismo religioso de Phoenix, Utah y Idaho, le otorgaría el favor del voto tanto en las primarias republicanas como en las contiendas de noviembre del año próximo.

Un error garrafal de Trump sería ir tras el voto latino radicado especialmente en estados tradicionalmente demócratas en las periferias de los lagos Hudson, Michigan Saint-Claire o en zona más al norte del New England. El sistema electoral presidencial estadounidense otorga todos los escaños electorales de un estado a quien obtiene la mayoría en el mismo, por esa razón un voto más en esos estados ni le dan o ni le quitan a Trump.

La carrera de Trump ahora es ganar la nominación y al parecer ha surgido como la gran sorpresa. El benjamín de los Bush ha quedado sin discurso. Con tal de distanciarse de Trump, parece más un demócrata sin carácter y a la vez asediado por los desastres financieros y los desaciertos en política global que arrastraron las administraciones de sus más cercanos familiares. Una vez obtenida la plaza republicana, Trump estaría obligado a dar un giro a su estrategia con tal de recuperar el espacio perdido de manera riesgosa, pero que a vista de todos, ha dado sus frutos.

La incertidumbre reina entre los republicanos disidentes a su propuesta ya que el mismo Trump ha amenazado con presentar una candidatura independiente, de no ser favorecido. De ocurrir esta situación, los demócratas ganarían una gran cantidad de estados tradicionalmente republicanos con este fraccionamiento. Una situación similar ocurrió en 1992 con los votos del empresario petrolero y tecnológico Ross Perot, derrotando la reelección republicana.

Trump sabe que puede articular un discurso ultraconservador, atacando directamente el liberacionismo expuesto por Obama y los demócratas, haciendo lagrimear a Hilary destapando sus sucias articulaciones en Haití, revelando sus correos electrónicos ultra secretos, retomando mediáticamente las confesas degeneraciones de su marido y apelando a la sensibilidad patriótica del norteamericano que ve a sus tropas retirarse del campo de batalla, a los chilangos comprando con cupones de comida y dos homosexuales ante un juez de paz.

Esta estrategia le adjudicaría los famosos “swing states” como Indiana, Ohio, Misuri, Virginia, etc. que tradicionalmente definen el banderín presidencial. Trump tiene todas las de ganar y si así sucede que Dios y el diablo, si existen, que empiecen a rezar.

Trasladándonos al plano local, no pretendo hacer un símil con alguna figura local, excéntrica en sus planteamientos, izquierdista en los 70´s y balaguerista en los 80´s, que entre su nacionalismo a ultranza, nos amarga tempranito nuestro café y nos ensordece la tarde en el preciso momento de la puesta del sol.

Su desproporción lingüística no la asemeja más a Trump, que su odio étnico y racial hacia aquellos que tuvieron la mala suerte de nacer del color de la noche. No, no creo que una estrategia igual a la de Trump, nos regale tal maldición.

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