Las dos caras de la moneda electoral.

 

OSIRIS DE LEON, ING.GEOLOGO

Por: R. Osiris de León.

El  65% del pueblo dominicano, con edad y derecho para votar, fue formalmente convocado al proceso electoral de este 20 de mayo de 2012, para escoger al nuevo Presidente de la República.

De los 10 millones de dominicanos, 6.5 millones estaban aptos para ejercer el derecho al voto, de los cuales, 4.5 millones acudieron a votar ordenadamente en una reñida competencia donde la gente puso el orden, y el gobierno del PLD puso el desorden.

La gente acudió bien temprano a las urnas para emitir su voto en favor de sus respectivos candidatos, y la opinión generalizada es que la gente dio un gran ejemplo de civismo y de respeto a las normativas electorales y sociales, representando la cara positiva de la moneda electoral.

Sin embargo, el vergonzoso uso de la fuerza pública militar para acosar, reprimir y apresar a los dirigentes y militantes del principal partido opositor en Santo Domingo, Cotuí, Neiba, Barahona, Azua, Salcedo y muchos otros lugares, el uso de los fondos públicos para comprar a dirigentes del partido opositor y para comprar cédulas, votos y delegados políticos en todo el país, muestran el lado oscuro de esta desgastada y deformada moneda electoral que es necesario cambiar.

Dio lástima y vergüenza ver a ministros, vice ministros, directores generales de instituciones públicas, militares del mayor rango, dirigentes políticos y activistas del partido en el gobierno, acompañados de tropas de asalto y de grandes maletines de dinero, comprando cédulas, comprando votos y comprando hasta la miseria humana para que la Junta Electoral los pusiera a ganar forzosamente 51 a 47, gracias a una inversión numérica.

Cumplieron con hacer «lo que nunca se había hecho».

Las elecciones de este 20 de mayo se convirtieron en un vulgar mercado electoral donde quien tenía más dinero público podía comprar más voluntades del público, pues la vergüenza, el honor, la dignidad, la decencia, el decoro y los principios políticos fueron vendidos  junto a las cédulas y junto a la voluntad, y pasará a la historia como el proceso electoral más viciado, más costoso y más vergonzoso.

Los que vendieron su cédula y su voto, vendieron sus miserias y las esperanzas de superación de esta pobre nación, pero quienes compraron cédulas y votos, vendieron los principios éticos que durante décadas dijeron poseer.

 

No en vano siempre se ha dicho que el ejercicio del poder corroe, socava y degrada la dignidad y la conducta de quienes lo ejercen, y que para mantenerse en el poder el ser humano es capaz de mutar de lo digno a lo indigno, de lo decente a lo indecente, de lo moral a lo inmoral, de la verdad a la mentira, del honor al deshonor y de la paz al terror. El 20 de mayo de 2012 fue día de terror electoral para muchos dirigentes opositores.

Los que durante décadas dijeron que J. Balaguer hacía fraude para ganar elecciones, ayer demostraron que sus quejas eran por el dolor de no poder hacerlo peor, pero no por la vergüenza, pues la misma noche del 20 de mayo se burlaban de haber comprado con dinero público un 15% de los votos antes de las elecciones y un 5% el mismo día de las elecciones, pero luego se escondieron por la vergüenza social.

No obstante eso, poco más de 2 millones de personas votaron por un cambio de gobierno, votaron por un partido distinto al que gobierna, votaron por una esperanza y votaron por un futuro mejor. Tal y como lo hicieron los dominicanos de ultramar, donde el PRD venció aplastantemente, y hasta hubo ciudades donde el PLD no ganó una sola mesa electoral, porque allí no abundan las miserias humanas de aquí, ni se venden cédulas ni votos, como aquí.

Esos dominicanos pueden caminar de frente al sol, con la frente en alto y con la mirada directa a la luz de la verdad, porque esos no están dentro de la lista de los que se desnudaron y se vendieron a un gobierno que decía ser ético y moral.

Pero la lección final es que hay una pequeña parte de la población a quien no le importa ni el presente, ni el futuro, de su vida ni de su nación, no le importa la falta de agua potable ni la baja inversión en salud y educación.

No le importa el medio ambiente, ni la mejoría de la calidad de vida de su propia gente, ni le importa prostituirse y venderse, a quien le pueda pagar, desde la esquina de una pervertida mesa electoral.

Esos pocos hambrientos marcaron la diferencia en contra del cambio, pero seguirán sufriendo la indiferencia de quienes apoyaron, y por carecer de conciencia seguirán llorando de impotencia cada vez que despierten y vean que siguen viviendo en la más abyecta indigencia.

Ese es el pago social para quienes venden su cédula por unos pocos pesos para comer durante cuatro cortos días, y luego sufren de hambre durante cuatro largos años. Y luego se quejan del sistema que ellos aúpan, aunque les den tarjetas de mendicidad, llamadas irónicamente “solidaridad”.

Que Dios se apiade de ellos, y que algún día dé sus lecciones a quienes pagaron para robarse las elecciones.

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