Las memorias de quienes tienen memoria

Cesar Medina, Embajador dominicano en España

Por CESAR MEDINA

Mis años como embajador en España me han llevado a trabar amistad con gente de todos los niveles… Diplomáticos, empresarios, periodistas, escritores, líderes políticos.

Lo propio me ocurrió en Chile, donde aún conservo buenos amigos con quienes me mantengo en comunicación permanente por diversas vías y a quienes suelo ver en Europa, en el Caribe, en el Sur…

Porque los chilenos, como están tuches entre Los Andes y el Pacífico Sur, viajan mucho y privilegian casi siempre el Viejo Continente o se tiran por estos lados buscando el brillo del sol, las cálidas playas, la amabilidad de la gente.

Los dominicanos, en cambio, cuando podemos darnos una escapadita nos vamos a los Estados Unidos, aunque sea a ver siempre lo mismo. Es, obviamente, un hábito cultural que va pasando de una generación a otra.

Fue en Chile donde viví por primera vez una experiencia periodística que me era ajena a pesar de mis tantos años ejerciendo este oficio desde todas las posiciones en los diarios, en la radio, en la televisión.

Se trata de periodistas que se especializan en escribir las memorias o las biografías de las principales figuras de la sociedad, de quienes han sobresalido en las diversas áreas de la vida, de los que han hecho importantes aportes científicos, deportivos, culturales, empresariales.

En fin, de la gente exitosa que tiene un ejemplo qué exhibir y un legado qué dejar.

Es ese un periodismo vocacional y de mucho sacrificio primero porque casi nunca se acredita y exige horas inacabables, días enteros, semanas, meses, años, investigando la vida de un personaje para estructurar la secuencia de una vida que muchas veces se escribe en primera persona bajo autoría del personaje.

Lo que se entrega al público es un volumen acabado que habrá de perdurar en el tiempo… Y en ocasiones es la mejor herencia que dejan a la posteridad quienes han pasado por la vida esparciendo el bien…

Porque el éxito profesional y personal sólo se disfruta cuando se comparte con quienes también lo celebran por ser sus beneficiarios. Es una filosofía de vida reservada a los privilegiados.

El doctor Mateo

El doctor Héctor Mateo dejó en circulación ayer su biografía. Sólo hay que imaginar la riqueza que puede tener su práctica ininterrumpida de la medicina durante 65 años, el más longevo médico en ejercicio de nuestro país.

Sólo hay en el país otro médico de similar larguedad en el ejercicio, el doctor Manuel Eduardo Valdez Guerrero, oftalmólogo.

“Por sus seis décadas y media de ejercicio de la Cardiología, en las cuales ha sido alma, espíritu y fuerza motriz de dos instituciones de servicio a la comunidad, el doctor Héctor Mateo Martínez tiene un pie empotrado en el granito de la inmortalidad”, se consigna en la contraportada del libro.

La obra “escudriña en la vida de Mateo y saca a flote muchos aspectos de interés, desde que era un humilde muchacho en las polvorientas calles de Cotuí hasta convertirse en un emblema nacional…” Fue monaguillo, conserje, contable, médico rural, profesor universitario, jefe de los servicios de cardiología en hospitales, banquero, miembro de entidades sin fines de lucro y destacado humanista y hombre de ciencias.

…Y Pimentel Muñoz

El periodista José Pimentel Muñoz es el autor de la biografía del doctor Mateo puesta a circular a primanoche de ayer.

Pacho, como le conocemos sus amigos de infancia y compañeros de oficio más allegados, es “sancristobero”, como yo, y aunque inició el ejercicio periodístico unos años antes, en 1965, pertenece a la misma generación de reporteros donde además figuran José A. Tejeda y los fallecidos Temístocles Metz Estévez y Plinio B. Martínez.

Era el más avanzado del grupo por la limpieza de su redacción precisa y sin ampulosidad. Fue redactor de primera línea del diario El Caribe en los tiempos en que en ese diario se ejercía la rigurosidad de Germán Ornes.

Pimentel Muñoz ha escrito otras tres biografías a personalidades distinguidas de la vida pública dominicana: Abel González, egregio y genial urólogo dominicano; José Hazin Azar, el macorisano visionario; Rafael Pichardo, cardiólogo, investigador y maestro.

Lamenta que la mayoría de las figuras descollantes del país se hayan ido a la tumba sin dejar sus memorias escritas.

Por eso está interesado en las biografías de Poppy Bermúdez, Félix García, Freddy Gómez, Rafael Perelló, Manuel Mota, Felipe Alou, el padre de Pepín Corripio, Román Ramos, José Manuel González Corripio, Fernando Álvarez Bogaert, José Rafael Abinader, Príamo Rodríguez, José Andrés Aybar Nicolás, y otras figuras que son ejemplos de la sociedad dominicana.

¡La biografía suya, la de Pacho, la escribiré yo dentro de 40 años…!

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