Las payasadas de Carlos Morales

OSIRIS DE LEON, ING.GEOLOGO

POR: R. Osiris de León

Dice una famosa frase que lo importante no es como se comienza, sino como se termina, y cuando un dirigente político está llegando al final de su carrera política debe tratar de terminar bien para ser recordado bien.

Desafortunadamente ese no es el caso de Carlos Morales, quien hoy dirige lo poco que queda de lo que ayer fuera el gran Partido Reformista Social Cristiano y que hoy es apenas un minúsculo grupo de jornaleros políticos que han sido empleados por el actual gobierno del PLD para que estén al servicio exclusivo de los peores intereses de Leonel Fernández, quien les ha pedido ponerse de espaldas a la memoria de Joaquín Balaguer, de espaldas al Partido Reformista, y de espaldas a los intereses del pueblo dominicano.

Da pena y vergüenza ver a este señor de voz metamórfica, ionizada por el cobre de la cancillería, quien siendo supuestamente el canciller de la República se pone de ridículo en los míseros actos públicos reformistas a decir disparates que hacen pensar a cualquier diplomático extranjero que el canciller dominicano aparenta un hombre díscolo cuya mente ha sido estropeada por el paso del tiempo.

Porque este opaco canciller se pone a decir en los micro mítines familiares reformistas que «en el Partido Reformista no hay lugar para los débiles, sino para los fuertes, para los que están dispuestos a realizar el trabajo con fe y lealtad a los principios del fundador y líder de este gran partido, el doctor Joaquín Balaguer», cuando debía decir que el miserable trabajo político que hace, copiado fielmente de Judas Iscariote, es con lealtad exclusiva a su empleador y capataz Leonel Fernández, y es un acto de traición a la memoria y al partido de Joaquín Balaguer.

Dice que «los débiles ya se fueron, por lo que ahora tenemos un partido cada vez más grande y fuerte, como ha quedado evidenciado en este acto masivo con la presencia de reformistas de los diferentes municipios de la provincia La Altagracia», cuando debía decir que los balagueristas que tienen carácter, fortaleza y templanza, se fueron del PRSC porque se negaron a venderse a este gobierno del PLD, como se vendió él y otros iguales a él, y que esa salida ha provocado el colapso total del reformismo, al extremo de quedarse con apenas el uno por ciento de los votantes.

Le dice a los pocos empleados que asisten a las micro reuniones políticas reformistas que «Ustedes se sienten orgullosos de pertenecer a un partido serio y con credibilidad porque el piojillo se llevó el resto», cuando debía decirle a esos escasos empleados que ellos debían sentirse avergonzados de estar en una actividad tan miserable por falta de mucho público, porque en los mítines que Balaguer celebraba en cada abril electoral reunía a cientos de miles de entusiastas reformistas y balagueristas.

Carlos Morales habla amargamente porque el 80% de los reformistas y balagueristas se han ido momentaneamente con Hipólito Mejía, como única forma de recuperar al PRSC, y porque sabe que las verdaderas fuerzas reformistas serán determinantes en el triunfo electoral del candidato presidencial Hipólito Mejía y en la derrota contundente de los que vendieron al PRSC en el mercado persa del PLD.

Lamentablemente Carlos Morales será recordado por sus ridiculeces políticas, por su tosco y díscolo verbo cañero, por haber minimizado, vendido y sepultado al más grande partido político dominicano de los últimos 50 años, y por convertirse al final de su vida política en un mal imitador de payasos, del cual hasta los malos payasos se ríen con lágrimas de pena.

¡Qué pena Don Carlos, que un canciller de la República hable como un despechado gallero que siente que sus dos gallos están siendo derrotados por los balagueristas, por los perredeistas, y por la mayoría del pueblo dominicano que se ha cansado de ver tanta incapacidad, tanta corrupción y tanta desfachatez en quienes hoy dirigen nuestra nación.

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