Les gusta España

por J. A. Gundín

Casi cien mil inmigrantes adquirieron la nacionalidad española el año pasado. En 2010 fueron 125.000. La gran mayoría es de origen iberoamericano, especialmente de Ecuador. Hacerse español no es fácil. Hay que superar un largo y complicado trámite, se debe acreditar una conducta intachable, poseer autonomía económica y salir con bien de una entrevista personal en la que se examina al candidato de conocimientos lingüísticos, históricos y culturales. Muchos españoles de pura cepa no aprobarían el examen. Pero los inmigrantes que se lo proponen sí, y a veces con nota. No es tan elemental, como parece, penetrar en los motivos que impulsan a un extranjero a jurar fidelidad a otro país. Sobre todo cuando la decisión va acompañada del ingreso en las Fuerzas Armadas, lo que añade un plus de identificación y servicio a la nación. Es verdad que tener la nacionalidad española comporta ciertos beneficios administrativos, algunas ventajas sociales y un pasaporte que, sin ser un salvoconducto a la gloria, sí permite viajar con cierta discreción. Pero todo esto no basta para explicar por qué medio millón de inmigrantes han dado ese paso desde 2008. Tiene que haber algo más que lo puramente material. A fin de cuentas, ya no somos la economía boyante del «papeles para todos». Creo que, después de todo, tal vez hayan encontrado aquí su hogar. No será la tierra prometida ni la casa de sus sueños, pero es un buen lugar donde ganarse la vida dignamente y asegurar el futuro de sus hijos. Para echar nuevas raíces, en suma. Les gusta España. Siento por ellos cierto orgullo y complacencia. Quiero creer que la mayoría de los españoles siente algo parecido. No está de más recordarlo en estos turbulentos días tan poco amables para el inmigrante.

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