Lo que el sida esconde

08 JUN 2012 | J. C. LÓPEZ BERNALDO DE QUIRÓS

Los recortes sanitarios de los antirretrovirales podrían descontrolar la epidemia en España.

Desde la descripción de los primeros casos de sida a principios de los años ochenta han pasado más de 30 años de epidemia y, aunque se ha avanzado mucho, siguen existiendo algunos problemas que la mantienen viva. Según datos del último informe de Onusida, actualmente están infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) más de 33 millones de personas, cada año se producen 2,7 millones de nuevas infecciones y mueren 1,8 millones.
Aunque no existen datos oficiales en España, se calcula que hay alrededor de 150.000 personas infectadas, de las que alrededor de 30.000 desconocen que son portadoras del virus. A pesar de todas las campañas realizadas durante este tiempo, cada año se infectan en nuestro país alrededor de 3.500 personas, una cifra que se mantiene estable a lo largo de los últimos años.
Se ha perdido el miedo a la infección por VIH y se empieza considerar como una enfermedad crónica, que aunque no se cura, con el tratamiento no progresa. Esto ha motivado que una parte de la población haya disminuido sus medidas profilácticas y hayan aumentado las prácticas de riesgo que pueden favorecer la infección. Pero también, parte de la culpa de que se mantenga esta tasa de nuevas infecciones estriba en ese colectivo de 30.000 personas que no sabe que está infectado y que mantiene conductas de riesgo.
Durante estos días se celebra en Madrid el XV Congreso Nacional sobre el Sida organizado por la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (Seisida). Aumentar el número de personas en tratamiento para disminuir las nuevas infecciones y la imperiosa necesidad de identificar a los portadores no diagnosticados son los objetivos que nos marcamos este año en Seisida. Van a marcar el futuro desarrollo de la epidemia en el mundo occidental y, por supuesto, en España en un momento complejo en cuanto a políticas asistenciales a la población.
Cuando una persona infectada recibe tratamiento y controla la multiplicación del virus, disminuye la posibilidad de transmisión de la infección. Si fuéramos capaces de tratar al mayor número posible de personas infectadas, las nuevas infecciones irían poco a poco disminuyendo y podríamos llegar a un punto en el que se controlara la epidemia.
El diagnóstico de la población oculta es otro gran reto. Además del riesgo epidemiológico que supone, el hecho de no saber que están infectadas hace que la inmunidad disminuya lentamente y presenten problemas médicos importantes con la aparición de enfermedades oportunistas o tumores. Estas personas, denominadas diagnósticos tardíos, tienen índices mayores de mortalidad, son mas difíciles de tratar y en ocasiones pueden presentar secuelas graves para toda la vida.
Es preciso la realización de más test de VIH en personas que pueden haber tenido alguna práctica de riesgo con anterioridad. El problema es que muchos no reconocen haber estado en riesgo y además tienen miedo a hacerse la prueba por la posible carga de estigma que conlleva.
Admitiendo que, como no podía ser de otra manera, los recortes sanitarios tienen que llegar también a la infección por VIH, las peculiares características de esta infección hace que dichos recortes deban ser cuidadosamente analizados antes de ser aplicados. Aún reconociendo que las autoridades sanitarias no han planteado el copago de los antirretrovirales, su aplicación en este grupo de medicamentos podría tener consecuencias desastrosas. Los tratamientos para el VIH son caros (alrededor de 8.000 euros persona/año), y la gran mayoría de las personas que los reciben no podrían hacer frente a un copago, llevando al abandono del tratamiento y las posibles consecuencias tanto para la persona infectada como para la sociedad, al aumentar el riesgo de transmisión del virus.
Sin embargo, las autoridades sanitarias ya han anunciado la finalización de la asistencia médica a todos aquellos inmigrantes en situación irregular en nuestro país. Aunque afortunadamente no son muchas las personas infectadas y en situación irregular, sí que nos preocupa este aspecto porque si, tal y como se ha anunciado, el 1 de septiembre se dejan de administrar los fármacos a estas personas, el virus se volverá a multiplicar en su interior y podremos tener riesgo de que transmitan nuevas infecciones a personas no infectadas y que, en el plazo de pocos años o meses, precisarían tratamiento antirretroviral. De esta forma, se podría alterar el curso de la epidemia del VIH y sida en España y podríamos estar ante una nueva epidemia, pero esta vez, descontrolada.

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