Los deseos navideños de Danilo

Los deseos navideños de Danilo

Miuris (Nurys) Rivas

Dominicana residente en España

 

Hace poco el Presidente Danilo Medina dejó encendido el arbolito de la casa de gobierno.

Encender un arbolito es hasta bonito y familiar, tanto, que el Presidente se hizo acompañar de su esposa y dos de sus hijas, la familia presidencial elegantemente ataviada, daba más luz si cabe a la iluminación propiamente dicha.

Ignoramos si el Presidente es en su ambiente familiar, tan comedido y sobrio como solemos escucharle hablar en público, esta vez, sus palabras desentonaron con el ambiente  sino de fastuosidad, de una esplendidez tan deslumbrante, como las propias luces que fueron encendidas.

Medina, con esa sencillez que le caracteriza, se dedicó a “aconsejar” a los dominicanos, luego de darse un garbeo por los hermosos jardines del Palacio Nacional, envió primeramente deseos de dicha y prosperidad, haciendo hincapié en que lo primordial es la paz.

Invitó al comedimiento, cuidarse del derroche y “desearles que pasen unas navidades felices, que puedan disponer de todas las cosas que puedan hacerles felices en estos días de Navidad, en Nochebuena, en año nuevo”.

Me parece una ironía Presidente, que precisamente usted piense que los dominicanos tendrán las cosas que puedan hacerles felices, es fácil aconsejar mesura a quienes de hecho llevan una vida austera.

El Presidente me ha puesto a meditar, primero pensé en mi país en general, en las precariedades y falta de trabajo, las muertes por el dengue, en los bajos sueldos que devengan aquellos que después de todo pueden considerarse afortunados porque están trabajando, repasaba las muertes por diversas causas violentas que podrían evitarse.

Recordé los males de cada provincia para detenerme en Santiago, amenazada con obtener el título de la provincia con más muertes violentas, parece mentira que hayan convertido esta ciudad apacible, en una especie de tierra de nadie donde da miedo salir a la calle.

Es legítimo que las palabras del Presidente, obliguen a esta reflexión y ante estas y otras verdades que usted y nosotros conocemos, dígame Presidente, ¿Cree usted que los dominicanos tenemos perspectivas de paz, le parece que somos dichosos y prósperos?

Muchos lo serán, sobre todo los que tienen lugares sobresalientes en su gobierno no precisamente porque presten labores relevantes, sino los afortunados cuyos sueldos son testimonios del valor de muchos ceros a la derecha.

No Presidente Medina, la gran mayoría de los dominicanos no es feliz, no pueden serlo los cientos de criollos que lejos de su tierra ven pasar estas fiestas, una diáspora que confió en sus palabras de campaña donde precisamente ofreció hacer cosas que jamás se han mencionado.

Hoy esparcidos en el mundo, envueltos en la nostalgia, no son capaces de escuchar “A las Arandelas” o cualquier otro aire navideño de la tierra, a riesgo de terminar inundados en un mar de llanto.

Presidente Danilo, nos enseñaron desde niños que Navidad es amor y paz, en la casa, en la escuela, nos educaban para portarnos bien y poder sentirnos felices en este tiempo, que cambio tan grande ha dado la vida en mi país, que cruel es tener que reconocer que hoy en día solo el dinero tiene valor y por tanto, los pobres están obligados a ver pasar ante su puerta la felicidad y paz que viven otros, muchas veces a costa de las nuestras.

Todavía está en sus manos hacer algo para remediar esta situación calamitosa que está convirtiendo a los dominicanos en seres amargados y frustrados, no solo por el hecho de no poder celebrar unas navidades felices, que después de todo las fiestas son efímeras y pasan, lo peor es todo un año de penurias, que se va repitiendo mientras se amontonan las hojas del calendario, para darnos cuenta de que hemos perdido la fuerza e ilusión de vivir, sin hacer realidad ningún proyecto.

Cásese con la gloria Presidente, haga aquello que usted llamaba “lo que nunca se hizo”, rompa las cadenas invisibles que mantienen a su pueblo, atado a una vida mediocre.

Sin esperanzas Presidente, así estamos viviendo los dominicanos, solo a la espera de la muerte, muy cruel, pero absolutamente real.

Facebook Comments