Menos cañas y más «curro» en España

Desde que comenzó la crisis los españoles han cambiado su forma de vida. La cifra de desocupados ha subido a un promedio récord de 24,6 %, con 5,693,100

¿Cómo viven los españoles la crisis económica que se ha afincado desde hace cuatro años en sus bolsillos y que pinta que seguirá para rato?

Pues bien. Así como en América Latina, la mayoría de los ciudadanos de clase media se han acostumbrado a hacer «malabares» con su salario, priorizar la comida, relegar las vacaciones y rebuscarse con más ingresos, las familias españolas también han cambiado su forma de vida debido a la crisis económica.

Aunque su pobreza es muy distinta a la que padece América Latina, los ibéricos han dejado atrás las comodidades y ahora son conscientes que deben priorizar sus gastos y sus gustos.

Estas tardes de cañas y tapas en las terrazas de Gran Vía o en la Plaza Mayor, los días de compras en tiendas de prestigio o las casas muy bien amuebladas, han quedado atrás. Hoy les toca priorizar con lo que tienen, ahorrar todo lo que puedan mientras la lluvia no amaine.

Para quienes tienen suerte de tener un «curro» (trabajo), la meta está en ahorrar lo más que puedan y hacer el «milagro de la multiplicación» de los ingresos.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas de España (INE), un español gana en promedio un salario anual de 18,000 euros (unos 22,000 dólares en El Salvador) que representan un pago mensual de 1,500 euros al mes.

Pero en la realidad europea, esos 1,500 euros apenas y alcanzan para que una familia de clase media pueda vivir en un piso de unos 70 metros cuadrados. Comprar una casa es carísimo, si se toma en cuenta que la crisis que ahora afrontan fue, precisamente, por el boom inmobiliario que elevó el precio de las casas. En 2010, el metro cuadrado de una vivienda costaba 2,000 euros según las cifras de las inmobiliarias.

Además, el dinero está tan restringido en los bancos que nadie está animado en adquirir una hipoteca. La crisis ha obligado a muchos españoles a abandonar la idea de una casa propia y alquilar pisos por unos 700 a 800 euros cada mes, una renta que se lleva buena parte de los ingresos de la familia. Los jóvenes, que antes se iban de casa a los 25 años, en promedio, hoy se quedan con sus padres porque no pueden pagar un piso de más de 500 euros. Y quienes ya habían salido de su hogar, están regresando porque no pueden pagar el alquiler. Los que tienen suerte alquilan habitaciones individuales por unos 200 a 300 euros o comparten piso con otras personas para poder pagar la renta.

¿Y qué hay de la comida? Para suerte de los españoles, los alimentos no ha encarecido en extremo. Con una inflación de un 2.4 por ciento en 2011, los españoles pueden hacer una carretilla del supermercado por unos 30 euros cada 15 días. La mayoría de la gente usa cupones de descuento para aprovechar las ofertas. Hasta el Corte Inglés, el almacén más grande de toda España, redujo sus precios en todos los departamentos, incluido el de las comidas, para ayudar a sus connacionales.

En los trabajos, los españoles prefieren llevar su comida ya preparada porque de lo contrario, significaría pagar unos 7 u 10 euros por un plato de comida que incluya entrada, plato fuerte, postre y bebida.

Si se van «de cañas» (a tomar cervezas) como es común en España, el consumo se reduce a dos o tres por semana, según Alberto Moreno, un joven de 25 años de edad que estaba acostumbrado a salir todas las noches para tomar con sus amigos.

Muchos españoles, como doña Carmen Machado, aprovechan cuando viajan a otras provincias o departamentos alejados de sus comunidades para comprar frutas, verduras y otros productos que son más caros en la ciudad.

Los que más sufren son aquellos españoles que, por estar desempleados, han tenido que recurrir a Cáritas, una organización de ayuda humanitaria de la Iglesia Católica, que se ha involucrado de lleno en la entrega de platos de comida para miles de personas en España. Las noticias dan cuenta de muchos ciudadanos que, antes ir al trabajo, pasan por los comedores sociales para desayunar bien, pues en sus casas, el dinero no alcanza más que para pagar la hipoteca o la renta. Sólo en 2011, la organización humanitaria ayudó a más de un millón de personas que solicitó su ayuda.

En el peor de los casos, algunos españoles han tenido que recurrir a escarbar en los depósitos de la basura para encontrar algún producto que todavía sirva. Los que no tienen «curro» son subsidados por el Gobierno con un pago mínimo de 400 euros cada mes. Esta cantidad puede aumentar hasta un máximo de 1,200 euros dependiendo del tiempo de cotización del ciudadano y del salario que tenía en su antiguo trabajo.

Los españoles están cambiando, incluso, en sus gustos por el empleo. Aquellos puestos en tiendas de comida rápida, trabajos pesados de fontanería, reparación y otros empleos que antes eran tomados por latinos, marroquíes y de otros países africanos, hoy son tomados por los españoles pues hay que ganar dinero sea como sea. En los metros, es más común ver a españoles pidiendo dinero, cantando o vendiendo cosas por la calle para ganar un poco de dinero.

Impuestos

El próximo mes, el Gobierno aplicará un aumento de los impuestos al valor agregado que va del 18 al 21 por ciento en el IVA. Aún no se sabe qué efectos podría acarrear, pero muchos analistas económicos aseguran que la medida empobrecerá más a los españoles pues les reducirá su capacidad adquisitiva.

La luz eléctrica ya subió un 7 por ciento, se encarecerá aún más con el incremento del IVA. Actualmente, un recibo de luz de una familia que consume unos 366 kilowatios/hora (kWh) paga un aproximado de 62 euros, según los reportes de una asociación de consumidores llamada Facua. Pero con el IVA, el recibo subirá a 80 euros por mes. Hoy más que nunca, aquella idea de ahorrar para tener un mundo menos contaminado, es más una necesidad para ahorrar unos cuantos euros que sirvan para otros gastos.

Durante el invierno, los españoles apagan la calefacción por las noches. Las sábanas y los calentadores son la ayuda perfecta para no gastar más de la cuenta. Y durante el verano, apagan la luz para ahorrar energía y euros.

El transporte, que es uno de los mejores en toda Europa, encareció hace tres meses. El billete mensual que la mayoría de españoles adquieren para hacer uso del metro y los autobuses en Madrid, subió de 47 a 51 euros.

Los madrileños, al menos, han tenido que conformarse con el incremento pues, a pesar de que protestaron por la medida, no pudieron evitarlo pues el Gobierno justificó que la subida de la tarifa era necesaria para asumir los costes de operación del sistema de transporte público.

En la salud, los más afectados son los ancianos, pues el Gobierno implementó el copago, una medida que obligará a los españoles a pagar una parte de sus recetas médicas. Con esto, el Gobierno pretende evitar que los usuarios del sistema de salud soliciten medicinas que no necesitan en ese momento.

Para algunos españoles, como don Óscar Caravantes, de 72 años, la medida no es descabellada, pues reconoce que muchas personas, sobre todo los de su edad, acuden al médico aún sin estar enfermos.

Los más jóvenes, que hacen uso del sistema de salud, aseguran que el servicio se ha deteriorado y que las citas son programadas con mucha tardanza.

29 Jul/ AmoDOm/ ElSalvador

Facebook Comments