PLD: dos dilemas

PlDEscrito Por: Rosario Espinal
La Lupa Sin Trabas

Santo Domingo.- Desde 1996, el PLD ha sido electoralmente muy exitoso; ha ganado cuatro de las últimas cinco elecciones presidenciales (1996, 2004, 2008 y 2012) y también las dos últimas congresuales-municipales (2006 y 2010). Sus triunfos electorales han descansado en dos pilares: la estabilidad macroeconómica en sus gobiernos y la fragmentación del PRSC y del PRD. El uso de los recursos del Estado, aunque un factor importante que beneficia al partido oficial, ha sido una constante en República Dominicana. Ver PDF

La estabilidad macroeconómica constituye el marco comparativo con el PRD. Mucha gente, sobre todo de capas medias, recuerda la crisis económica de 2003-2004, aunque con el tiempo el recuerdo se ha diluido. Muestra es que Hipólito Mejía, presidente durante esa crisis y derrotado en 2004, obtuvo 47% de los votos en las elecciones de 2012.

En su intento por mantenerse en el poder muchos años más, la dirección del PLD sabe que tiene como rival principal el deseo de cambio de casi la mitad de la población que votó en su contra en 2012, aunque ese deseo esté ahora contenido por la alta popularidad de Danilo Medina y la confrontación en el PRD.

La crisis perredeísta es beneficiosa para el PLD porque lo neutraliza como opción de poder a pesar de su fuerza electoral. Por eso, aunque el origen de los problemas del PRD es eminentemente interno, el PLD azuza con recursos para profundizarla.

Mientras la garata del PRD parezca un juego temporal entre mojigatos, el partido no va a colapsar; pero si el conflicto persiste en la medida que se acerca el período de seleccionar candidaturas para 2016, el PRD se convertirá en un instrumento de quien maneja la franquicia, aunque muchos otros dirigentes se plieguen.

En abstracto, esta situación es ideal para el PLD porque queda sin contrincante y ganaría con facilidad las elecciones de 2016, pero la política sin contrincante no es política. El PLD necesita un partido de oposición relativamente fuerte para legitimar incluso sus triunfos. Unas elecciones sin competitividad producirían un alto abstencionismo y carecerían de legitimidad. Aquí radica un dilema peledeísta.

El PRD está en una pendiente, por más optimismo que muestren algunos dirigentes, y ese declive no conviene a los perredeístas ni a los peledeístas, y de agudizarse, traerá una transformación del sistema de partidos.

El segundo dilema del PLD es interno. Están inmersos en un congreso donde hablan de relanzar el partido, pero esa organización se ha osificado. La dirección está unificada y empoderada, pero es un anillo estático. Los miembros del Comité Político son vitalicios en posiciones ministeriales, las posiciones de dirección en el partido no se renuevan, como tampoco los presidentes de las cámaras legislativas. Le temen a la democracia.

La estructura de cuadros vitalicios ofrece un orden que descansa en supuesta armonía, y el poder que emana de ser gobierno se encarga de limar asperezas, pero ojo: en el PRSC Joaquín Balaguer era todopoderoso hasta que murió y el partido colapsó, y en el PRD José F. Peña Gómez era todopoderoso hasta que murió, y todavía no encuentran solución.

Muchos líderes del PLD son relativamente jóvenes, lo que augura longevidad partidaria. Pero bien haría el partido en probar suerte con la democracia en la selección y sucesión de dirigentes, en las directivas de las cámaras legislativas y en el gabinete antes de que las ronchas se abulten.

La democracia crea incertidumbre que produce temor en el corto plazo, pero en una sociedad moderna genera mayor estabilidad que cualquier otro sistema en el largo plazo, porque cuenta con mecanismos institucionales para dirimir diferencias. La certeza ficticia de lo vitalicio desaparece tarde o temprano.

El legado más importante que dejó Leonel Fernández a la sociedad dominicana no fue el Metro, ni los túneles ni elevados, sino haber permitido la alternabilidad de la candidatura presidencial peledeísta en el 2012, aunque fuera para algunos a regañadientes.

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