Policía pata podría

Amín Arias GarabitoAmín Arias Garabito
Político dominicano residente en Europa
@AminArias

Nos sorprendió el fin de semana con una noticia que en tan solo unos momentos puso en alerta y en pie de guerra a los jóvenes dominicanos, los de aquí y los de allá; a todos los que de una u otra manera sentimos que nos estaban atropellando nuevamente, pero esta vez de una manera aviesa, descarada y temeraria. Treinta jóvenes fueron apresados por la Policía Nacional por protestar, por el simple hecho de ejercer su derecho constitucional a manifestarse.

Las redes sociales prendieron como la pólvora y fueron muchos los que se pusieron de camino hacia el Estadio Olímpico para secundar una convocatoria en apoyo a los jóvenes retenidos ilegalmente por agentes de la Policía Nacional, con el fin de resolver el asunto a como diera lugar y (para algunos) de la manera que fuera.

Los jóvenes de La Multitud que se concentraron pacíficamente frente a la sede de FUNGLODE se manifestaban contra la impune corrupción instalada en todos los niveles del Estado, el incremento desmedido de la deuda externa, las cada vez más crecientes desigualdades sociales y otras lindezas consecuencia de los sucesivos gobiernos peledeistas, y sobre todo tras conocerse la información dada por el Gobierno de Danilo Medina de que su antecesor y compañero de partido, Leonel Fernández, había dejado un agujero fiscal de más de 200 mil millones de pesos.

La Policía Nacional, la institución, se convirtió con esa acción injustificada en la maquinaria opresora oficialista que avasalla estrepitosamente al pueblo y sus derechos, haciendo valer su supremacía sobre los ciudadanos y ciudadanas que libremente ejercían su derecho constitucional a quejarse de lo que consideran está podrido.

Los agentes de la Policía Nacional, la personas, fueron maquiavélicamente utilizados como conejillos de indias por sus superiores para ejercer la represión en la que ellos allá arriba sí creen y justifican frente a unos jóvenes que luchan también por el reconocimiento del derecho de los propios agentes y del pueblo en general a no seguir siendo esquilmados por cuatro «roba vidas» que se han hecho ricos con la miseria nacional; jóvenes que son la representación misma de la dignidad de una República que sigue siendo pisoteada por todos los que se sientan en la maldecida silla presidencial, los que se encierran en los jodidos Ministerios, en los despachos senatoriales, los que se perpetúan en las curules del Congreso de los Diputados y en todo sitio donde la indolencia, la falta de sensibilidad y la burla al Estado de Derecho campan a sus anchas.

La Policía Nacional que está llamada a proteger al pueblo, no a reprimirlo, fungió este fin de semana como el cuerpo represor de un Estado gobernado por un dictador, retrotrayéndonos amargamente a los años oscuros de la tiranía trujilllista y a los momentos más perversos de los gobiernos de Joaquin Balaguer, cuando ellos mismos podían presentarse cualquier día en la puerta de tu casa y asesinarte delante de tu hijo y tu mujer embarazada como hicieron con Amin Abel, o pegarte un tiro en la cabeza al igual que hicieron con Sagrario Díaz en la UASD.

La Policía Nacional dominicana, uno de los cuerpos y fuerza de seguridad del Estado más corruptos del mundo, se atrevió, por órdenes de un cacique que ostenta su dirección y que ha demostrado un nulo respeto por las leyes fundamentales de la República, a conculcar el derecho de los dominicanos y las dominicanas reconocido en el artículo 46 de la Constitución a reunirse y manifestarse libremente. Esa Policía Nacional dominicana es la que está en la mira de un sinnúmero de organismos internacionales que la acusan de orquestar «ejecuciones extrajudiciales» anotándolas en un interminable Rosario de supuestos «intercambios de disparos» que no encuentran fin y que bajo ningún concepto tienen justificación.

La Multitud no es simplemente un grupo de «muchachos»que juegan a ser mártires. La Multitud y otros grupos juveniles vienen a dar voz al pueblo, al que los distintos gobernantes que han pasado por el Palacio Nacional han pretendido tener siempre callado, bajo la amenaza y el terror. Esos jóvenes son el grito desesperado del herido orgullo nacional que ya no aguanta más latrocinios. El país está seco, le han exprimido hasta la última gota y no queda nada para darle a los que en ella viven, los que se ven abocados a coger una muda de ropa y embarcarse rumbo al exilio obligado para poder sobrevivir.

JARTOS estamos de tanta impunidad, de tanta mierda tapada bajo las alfombras del Palacio y metida dentro de esos caros y sofisticados sombreros de Primera Dama; de tanta putrefacción, de tanta indignidad.

La Policía Nacional mandada por los de arriba pretendió ejecutar una acción que encontró el rechazo unánime de todas las fuerzas de la izquierda democrática: desde el PRD con el contundente alegato del Presidente de su organismo juvenil, Jean Luis Rodríguez, pasando por los dirigentes más destacados de Alianza País y otros partidos y movimientos ciudadanos, tanto dentro de la República Dominicana como el pronunciamiento de los dirigentes y representantes de esas organizaciones políticas en el exterior.

Y advertimos a los que gobiernan sólo una cosa: los jóvenes dominicanos, que estamos cansados de que nos traten como a «muchachos» que nada sabemos de la vida y que nada aportamos a la sociedad más que alboroto, fiesta y más rumba, no vamos a cesar en nuestra lucha por conseguir un país mejor en el que todas y todos seamos llevados por el mismo librito. Somos contundentes, pues parece que olvidan esos grandes «tutumpotes» que tienen al país rejodido, que a la juventud dominicana nunca se le ha podido parar los pies.

Parece que no recuerdan que cuando Juan Pablo Duarte fundó la Trinitaria en 1838 tenía tan solo 25 años. Que cuando en 1843 tuvo que salir huyendo brincando empalizadas rumbo al exilio perseguido por Herard con el fin de hacerle preso y quizás ejecutarle, acusándolo de subversivo, Duarte a penas llegaba a los 30. No saben a caso los grandes ladrones de este país que cuando Sánchez proclamó la República en la Puerta de El Conde en 1844 tenía tan solo 27 años y que cuando Mella fue enviado a luchar a los campos de batalla en la Guerra de la Independencia acababa de cumplir los 28.

¡Pero qué carajo se creen que somos! Si hemos sido los jóvenes los que hemos vertebrado la nación dominicana; hemos estado en todo: disponibles y dispuestos, como cuando una jovencísima Concepcion Bona, con tan solo 19 años de edad, fue la encargada de dar un símbolo a nuestra nacionalidad bordando la cruzada blanca sobre el pabellón que anteriormente había sido haitiano.

¿Es que no saben a caso que fueron jóvenes los que salieron en tropel a defender la vuelta a la constitucionalidad en 1965 cuando un jovencísimo José Francisco Peña Gómez pronunció aquel gran discurso llamando al pueblo a levantarse en armas, o cuando el también joven Freddy Beras Goico señaló por sus nombres a los desgraciados hijos de la República que estaban bombardeando Ciudad Nueva sin importar que habían civiles?

¡Qué carajo se han creído que somos!

Siguen gobernándonos las mismas caras que estaban cuando decapitaron al Generalísimo. Las mismas caras que siguieron con Balaguer… Ya está bueno de tanta paciencia. Es momento de pasar a la acción. Y no tengan miedo porque a las únicas armas a las que voy a llamar son a las de la razón y la legalidad.

La Constitución de la República Dominicana no es una basura. Los poderes del Estado tienen la obligación de garantizar el cumplimiento escrupuloso de la Carta Magna, y si es que no pueden hacerlo, como queda patente, pues que convoquen elecciones y entreguen el poder a estos «muchachos» que tenemos verdaderas ganas de limpiar y deshacernos de la mierda en la que nos han obligado a vivir.

La izquierda democrática y el centro liberal dominicanos deben tomar nota de esta acción contra las libertades y dejar el separatismo partidario para afrontar una acción conjunta y coordinada de oposición que nos lleve a terminar con estos años amargos en los que parece consolidarse cada vez más una dictadura constitucional.

«Policía pata podría, dame un Chele pa la comía» cantábamos los niños cuando se acercaban los temidos «cascos negros» que el maligno Joaquin Balaguer mandaba a reprimir las huelgas en los barrios más populosos. Hoy sé, superada aquella inocencia, que no solo esa extremidad está podridas dentro del cuerpo del orden. Sus adentros son presa de la pudrición. Lleva años gangrenando por lo que es preciso y urgente cortar la extremidad para que no siga dañando al resto del cuerpo.

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