Santa María de la Altagracia.

Santa María de la Altagracia.

Amín Arias Garabito
Político dominicano residente en Europa
@AminArias

Recuerdo que una vez en mi escuela la profesora Isabel Mañón organizó una especie de concurso en el que todos los chicos y chicas, de los diferentes niveles, debíamos escribir un pequeño ensayo sobre la Virgen de la Altagracia. Los mejores trabajos de cada clase serían expuestos en el gran mural del hall del colegio, donde se exponían las cosas más relevantes, justo al lado del denominado Cuadro de Honor que había entonces (supongo que seguirá existiendo) en todas las escuelas dominicanas.

En aquel entonces ir a clase de religión era una de las cosas que más me gustaba. Tengo que reconocer que de pequeño era muy religioso, gracias a las enseñanzas de mi abuela Mercedes. Pero ciertamente creo que ir a clases con la profesora Mañón nada tenía que ver con el grado de religiosidad que pudiéramos tener ambos (ella fue mi catequista en la parroquia que visitaba). Se debía mas bien a que ella aportaba a mi vida un grado de tolerancia hacia las demás religiones que no era muy común encontrar en un católico. Por poner un ejemplo, en clase siempre hubo una compañera que era Testigo de Jehová, otros eran adventistas del séptimo día, y muchos protestantes evangélicos de distintas congregaciones. Cristianos todos, pero cada uno de su padre y de su madre.

Evidentemente aquellos compañeros alegaron sus razones para no entrar en el concurso (que valía un examen), y les fueron asignadas tareas distintas. Nunca se les obligó a nada en base a su libertar ideológica y de culto. El caso es que los que sí participamos del mismo los dimos todo. (Un trabajo en el mural de la escuela, donde todo el mundo podía verlo era algo magnifico para unos púberes).

Así que salí de mi amada Escuela Primaria Bartolomé Olegario Pérez, fui a casa a contárselo a mi madre y a mi abuelo Carmén Garabito, quien se puso de inmediato, mientras almorzábamos, a hacerme una historia de la supuesta aparición de la Virgen en Higüey a unos niños, unos naranjos, un cuadro, un no sé qué. Vamos, un lío.

Por la tarde, con cinco pesos que me dio mi madre, salí rumbo a la biblioteca municipal (lo recuerdo: Jimena Fernandez vda. Guzmán) y tras buscar en mil libros me pasé por la librería de los Aristy & Filpo, toda una institución en Azua, para comprar tres pesos de hojas en blanco (eran a cuatro folios por peso) y un peso de hojas de colores (que cada una costaba medio peso). Con el peso que me sobraba compré un folder y dos clips. Y pa’ casa! Me puse con ello (escribiendo en la hoja en blanco pero con un folio rayado debajo para no torcer los renglones). Me atreví a hacer algo que la Profe no había pedido y dibujé a Nuestra Señora de la Altagracia junto a San José y al niño Jesús, con su manto celeste y las estrellas que hacen inconfundible esa imagen.

Y mi trabajo estuvo expuesto durante bastante tiempo en aquel mural.

La inocencia de aquellos años hoy se ha vuelto suspicacia y más cosas. He visto a la virgen encarnada en una hermosa modelo dominicana que representará al país en el próximo Miss Universo, envuelta en una creación magnifica del inigualable Leonel Lirio, quien ha querido hacer presente a la Patrona de la República Dominicana en aquel evento tan internacional. Las criticas no se han hecho esperar, y es que Lirio ha dado en el clavo.

Cierto es que no es un traje típico, porque típico es un vestido con el que se baila la Mangulina en el Sur, un Bamboulá samanense, unos Palos de Villa Mella o el pegadizo ritmo de los Guloyas. Pero hay que reconocer que es hermoso aquel vestido de Leonel Lirio, y que su creación se aleja de toda ofensa a la religión. Por el contrario, él intenta reconocer a la madre del pueblo dominicano en la figura de aquella mujer, que aunque su imagen sea blanca todos sabemos que se trata de Lubana, la luá negra que los africanos protegieron bajo la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia para que los amos les permitieran celebrar sus fiestas de atabales cada 21 de enero, sorteando así la prohibición de venerar dioses africanos.

Lubana, la Virgen de la Altagracia, sigue siendo un símbolo de la resistencia, de lo controversial. Es símbolo de tolerancia, respeto y sincretismo. Es todo eso que aprendí con mi profesora de religión, quien a pesar de ser una católica practicante, llevaba con orgullo su apellido y el tiznado de su piel que era el mismo de la diosa Lubana que ella nos ayudó a conocer.

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