Sin mano dura el país se jodió

JOSÉ LOIS MALKÚN Economista

JOSÉ LOIS MALKÚN

Economista

jlmalkun@gmail.com

El nombre de Trujillo puede significar una ignominia para este país, al margen de cualquier cosa que hoy se le pueda reconocer como buena, que las tuvo. Balaguer nos gobernó durante 22 años y ganó, con trampas y sin ellas, 6 elecciones presidenciales, representando la reencarnación viva del trujillismo. La mitad de la sociedad dominicana aceptó y apoyó ese régimen calladamente y la otra no lo aceptó, pero hizo muy poco para evitarlo.

De esos 22 años en el poder, Balaguer gobernó 12 años con la maquinaria militar heredada del dictador, donde no faltaron algunos políticos que también formaron parte de su entorno y que jugaron un papel represivo durante el régimen de Trujillo. Sin embargo, hoy Balaguer es para muchos un padre de la patria.

¿Quien «destrujillizó» al país? El gobierno del PRD bajo el mandato de don Antonio Guzmán, de 1978 a 1982.

Pero ahora resulta que decir algo o enviar un mensaje que puede tener vinculación con el régimen de Trujillo, es escandaloso, injustificado, bárbaro, ofensivo, bla, bla, bla.

Como tengo calidad moral para hablar sin tapujos sobre lo que me plazca cuando de Trujillo se trata, no tengo porque callarme la boca. Y la verdad es aquí se necesita mano dura para gobernar porque de lo contrario este país se jodió. Se lo llevó el diablo.

Algunos relacionan ese principio de mano dura con el régimen de Trujillo, lo que es un grave error. O quizás no sea un error y mucha gente prefiera seguir haciendo lo que le da la gana porque se siente mejor viviendo en el caos, la anarquía y la indisciplina, más que en el orden y la obediencia a las leyes vigentes. Eso es producto de la misma descomposición social que afecta a los dominicanos, de la que hablé en mi artículo anterior en este diario digital.

¿QUÉ SIGNIFICA PARA MI MANO DURA? Es aplicar la ley sin miramientos ni privilegios.

Mano dura es no tener miedo para meter preso a los que roban en las alturas del poder y que han esquilmado este país hasta sacarle la hiel.

Mano dura es meter preso y hacer cumplir la ley contra los abusadores que se roban la luz, contrabandean mercancía, trafican con el combustible, destruyen los ríos sacando material o se roban hasta el hierro de los puentes ante la mirada indiferente de las autoridades, y no protegerlos o negociar con ellos como se hace ahora.

Mano dura es tener una Policía Nacional saneada, profesionalizada y bien pagada que actúe con toda su energía contra la delincuencia y el crimen organizado y que no se confabule con ellos, como sucede actualmente. ¿Quien confía en los organismos de seguridad de este país, cuando la mayoría de la gente prefiere quedarse callado antes que denunciar un robo o asalto por miedo a represalias o amenazas de los mismos que están obligados a protegernos?

Mano dura es poner orden en el tránsito, metiendo en cintura a los abusadores e hijos de puta que ponen en riesgo cada minuto del día la vida de la gente en las calles. Hay ciertas infracciones que cometen unos malnacidos, que merecen ser juzgados en los tribunales, confiscarle el vehículo y aplicarle una multa ejemplar para que nunca más vuelvan a hacerlo.

Mano dura es poner una disciplina férrea en la administración pública cancelando a los vagos, a los que cobran sin asistir al trabajo, a los que acosan sexualmente a sus compañeras, a los que abusan y extorsionan a los contribuyentes creyéndose que son los dioses del Olimpo y a los que se roban hasta los lápices.

Mano dura, pero muy dura, contra el narcotráfico porque aquí se apresa y se juzga a unos pocos capos y sus testaferros, pero a los que protegen a esos capos, nadie los menciona, nunca son juzgados y se sienten inmunes y protegidos por el poder. Por eso la droga sigue fluyendo hacia dentro y hacia afuera como si nada hubiera pasado.

Si usted le pregunta a 10 dominicanos sobre aplicar mano dura contra todas esas vagabunderías, 8 de ellos, conservadoramente hablando, estarán de acuerdo, porque el pueblo se encuentra encerrado, acorralado entre dos paredes. Una de ellas la delincuencia del poder y la otra la delincuencia de las calles, ambas muy bien protegidas y así nadie puede vivir en paz y armonía.

Por eso no es de extrañar que en muchas reuniones sociales, brote la desesperación, la impotencia y la desesperanza y algunos expresen que se necesita a un Trujillo. Estamos jugando con fuego por esa permisividad al chantaje, la extorsión, el abuso, el favoritismo, el robo y la confabulación, todo lo cual que hiere profundamente la conciencia ciudadana.

Y para luchar contra eso se necesita una mano muy dura, como existe en Estados Unidos, el país más democrático del mundo, que cuando de cumplir la ley se trata, hay sobre tu cabeza un mazo de hierro, y no importa si tienen que machacarle el cráneo a Bill Gate, a Warren Buffet o al propio Presidente de la Republica. Y allá, los dominicanos caminan derechito y no dicen que gobierna Trujillo.

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