Sobre el comunicado de ETA: La inmigración también tiene algo que decir aunque trompetas anuncien el final de las armas

Guillermo Morales--http://legalcity.es

La inmigración tiene mucho que decir porque también ha sufrido en sus propias carnes los efectos del terrorismo de ETA. Esta es la España donde vivimos con, o sin “papeles”. La España donde trabajamos. La España que nos ha acogido y por lo tanto, no podemos estar ajenos de la realidad que nos ha tocado.

¿El comunicado de ETA supone el fin del conflicto? ¿Fin de la violencia pero sin decirnos dónde están las armas o los arsenales de armas que le otorgarían poder para volver al mismo conflicto “si así lo entendieran”? ¿Cese definitivo de la violencia sin decir adiós a las armas? Si ciertamente la noticia es esperanzadora deja espacio y margen amplio para interpretarla con cautela y prudencia.

La inmigración, esa que vive en España y sus inmigrantes nacionalizados españoles o no, tienen mucho que decir. Primero, porque formamos parte de la vida política de este país y por lo tanto tenemos derecho a formar parte activa en este debate; y segundo, porque también la inmigración ha sido víctima de los atentados terroristas de ETA.

A las ocho de la mañana del día 30 de diciembre de 2006, la DYA de Guipúzcoa recibió un aviso en el que se anunciaba que iba a explotar una bomba en los aparcamientos del aeropuerto de Madrid-Barajas, y media hora más tarde, una nueva llamada, esta vez en nombre de ETA, confirmó la primera, aconsejando que no intentasen desactivarla. En dichos avisos se informaba que la bomba estaba instalada en una furgoneta Renault Traffic, color granate, con las letras de matrícula DKY.

Cuando eran las nueve de la mañana una gigantesca explosión hizo temblar todas las instalaciones del aeropuerto de Barajas, al mismo tiempo que se derrumbaban los cinco niveles de altura del aparcamiento de la T-4, y un gigantesco hongo se elevaba sobre el aeropuerto madrileño. Posteriormente los expertos policiales calcularon que la bomba contenía más de 500 kilogramos de explosivos de alta potencia.

Dos de las víctimas del deleznable atentado eran inmigrantes ecuatorianos. Una de ellos un joven de 19 años llamado Diego Armando Estacio, el cual se quedó durmiendo en su vehículo mientras su novia y otros familiares iban a esperar a otros compatriotas que llegaban en un vuelo próximo, y el otro -sin relación con el anterior- es Carlos Alonso Palate, que casualmente también estaba en el aparcamiento cuando explosionó la bomba terrorista.

Las voces de los inmigrantes, que insistimos, no están apagadas en medio de este debate, se han hecho escuchar en las redes sociales desde que ayer ETA difundió su comunicado. “Las armas son irrelevantes a mi juicio…lo importante es la voluntad política”, dice Verónica, una periodista que se dedica a tratar temas de inmigración y extranjería en un semanario de tirada nacional. Mientras, Teresinha, le replica “las palabras se las lleva el viento!!!! la verdad me creo la mitad y con dudas, hasta que no actuen tal y como dicenno me creo nada. Voluntad Politica? Me estás vacilando? Qué pasa, que tambien están en crisis y se van a unir al movimiento 15M?”.

Las redes sociales hoy arden con la forma activa en que debaten los inmigrantes este tema. “La voluntad política no se la cree nadie. Aparte de las armas, dónde está la entrega de los asesinos? Ni perdón piden por las muertes injustas… yo iba a por ellos, pero de verdad! sin tata pamplina!! Joerr que son terroristas y matan”, puntualiza María Lavalle. Mientras, Blanch Bas dice “no sólo la voluntad política de un proceso de paz es importante, la confianza en que ese proceso es posible, es más importante aún. Y la voluntad de la sociedad de este país y de Francia en que se den los pasos certeros y lo más rápido posible hacia esa paz definitiva es, simplememente, indispensable”.

El debate es encendido, intenso. Pero prueba que, en efecto, la inmigración tiene mucho que decir porque también ha sufrido en sus propias carnes los efectos del terrorismo de ETA. Esta es la España donde vivimos con, o sin “papeles”. La España donde trabajamos. La España que nos ha acogido y por lo tanto, no podemos estar ajenos de la realidad que nos ha tocado.

El terrorismo es condenable en cualquiera de sus variantes, y la sociedad debe ser el principal bien jurídico a proteger cuando existe riesgo de resultar dañada por grupos tan inescrupulosos. Es por ello que condenamos y decimos que no basta, que se debe implicar aún más el Estado de Derecho en erradicar para siempre dicha plaga, aunque trompetas anuncien el final de las armas, pero la realidad y el sentido común nos digan que probablemente no.

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