Vuelo 587: Una mancha negra

Nueva York aún no se recuperaba de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas cuando el 12 de noviembre de 2001, un avión se estrelló en medio de un barrio residencial del condado de Queens.
No tardaron en sonar todas las alarmas, las cadenas de televisión conectaron con el accidente y se repitieron escenas de pánico similares a las vividas apenas 62 días atrás. Varios de los edificios más importantes de Nueva York, incluidos el Empire State y la sede de las Naciones Unidas, fueron desalojados por temor a que se tratase de un nuevo acto terrorista.
El vuelo 587 de American Airlines se estrelló en el vecindario de Belle Harbor al poco de despegar del aeropuerto John F. Kennedy con destino a Santo Domingo, República Dominicana.
Los 260 pasajeros y tripulantes del vuelo perecieron, así como otras cinco personas que estaban en tierra. El 90 por ciento de ellos eran de nacionalidad u origen dominicano.
Este sigue siendo el segundo peor accidente de la historia de la aviación estadounidense después de el del vuelo 191 de la misma compañía que se estrelló en Chicago en 1979 y en el que murieron 271 personas.
Pese a los iniciales rumores de terrorismo, la investigación llevada a cabo por la National Transportation Safety Board (NTSB) reveló que el siniestro del vuelo 587 se debió únicamente a un error humano del copiloto, Sten Molin.
Molin utilizó de manera «innecesaria y excesiva» el timón direccional del aparato para hacer frente a las turbulencias causadas por un avión que despegó poco antes, de acuerdo al informe oficial de la NTSB, publicado en octubre de 2004.
El informe no satisfizo del todo a las familias de las víctimas, lo que llevó al entonces congresista neoyorquino Anthony Weiner, célebre ahora por su escándalo de «sexting», a introducir una ley justo un mes después, llamada oficialmente Ley de Responsabilidad del Vuelo 587, por la que la Administración Federal de Aviación (FAA) debe obligar a las compañías fabricantes de aviones a detallar claramente en los manuales las limitaciones que pueden afectar a la seguridad de los aparatos, así como también arbitrar en las disputas entre fabricantes y aerolíneas.
American Airlines había acusado a Airbus por no puntualizar con claridad la sensibilidad del timón del A300-600 en sus manuales, y la compañía fabricante, por su parte, de no entrenar adecuadamente a sus pilotos. La aerolínea reaccionó modificando el manual de entrenamiento para asegurar que ningún piloto volviese a sobrecargar el timón de los Airbus.
El modelo Airbus A300-600 siguió siendo utilizado por American Airlines con total regularidad hasta 2009, ocho años después del accidente del vuelo 587, y tras 21 en servicio, sin registrase más incidentes.
«El Airbus A300-600 siempre ha sido uno avión muy seguro», revela Michael Pratt, ingeniero aeronáutico que asesoró en seguridad aérea a la compañía Boeing. «El número de accidentes que se han registrado de este modelo es totalmente comparable al de los aviones que han demostrado ser históricamente más seguros», agregó.
Pratt compartió con El Diario datos recogidos por la compañía Boeing que demuestran que sólo se han perdido 1.04 aviones A300-600 por accidente de promedio por cada millón de vuelos registrados.
Otro accidente
Desde que se estrellara el vuelo 587, sólo se ha producido otro accidente de cierta gravedad en el que se ha visto envuelto una variante del Airbus A300. Ocurrió en el aeropuerto de Monterrey, México, en abril de 2010, cuando un aerotransporte Airbus A300B4-203F se estrelló al intentar aterrizar. Sus cinco ocupantes murieron, así como otras dos personas en tierra. La investigación aún sigue abierta, aunque todo apunta a las pobres condiciones climatológicas y a otro error humano como causas.
El consulado dominicano en Nueva York también asegura que no tienen registrada ninguna incidencia relativa a la seguridad aérea por parte de ciudadanos dominicanos que vuelan de Estados Unidos rumbo a su país de origen desde aquel devastador accidente de 2001.
«El tráfico aéreo ha seguido su curso normal entre los dos países en estos 10 años y no tenemos noticias de que disminuyera después del accidente del vuelo 587 ni de que se produjera ningún accidente más», dijo Arizmendi González, representante de prensa del consulado. «También es verdad que ha aumentado mucho la seguridad aérea tanto allí como aquí», agregó.
Un ciudadano estadounidense de origen dominicano que coge con regularidad la misma ruta del avión estrellado, que pasó a denominarse vuelo 1749 tras el accidente, tampoco ha advertido problemas con la seguridad aérea en los últimos años.
«Cojo una media de 30 o 40 vuelos entre Nueva York y Santo Domingo al año y, a fecha de hoy, no me he sentido nunca alarmado por la falta de seguridad en los aviones», asegura Manuel Velasco, un empresario de 57 años residente en Manhattan con intereses comerciales en la República Dominicana.

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