¡Al ver cómo estaban los números de su cuenta bancaria se cayó muerta!

Por Olga Capellán.-

 

UNIÓN EUROPEA.- Ayer para mí fue un día muy pesado,   pues trataba de aumentar los recursos de mi cartera que lo había visto un poco reducidos y opté por ir al banco del pueblo donde tengo mi cuenta; al llegar a la puerta me encuentre con un vecino del barrio, el que luchaba grandemente con el automático para sacar determinada suma, quien al saludarle luego de contestarme me dijo: hoy no podrás entrar, el banco está cerrado.

Asentí como el que no quiere la cosa, y aunque había visto algunos agentes policiales dentro del mismo no le di importancia, porque la policía también tiene derecho de ir a los bancos, le contesté al vecino que es además de nacionalidad belgas, yo veo a todos sus empleados dentro y él me contestó: es que se ha muerto una chica, ¿una chica? Le pregunté, ¿empleada? No, cliente me contestó el  vecino en su afán de servir de informador, pero que tiene que ver la muerte de una cliente para cerrar un banco le pregunte, y el afanado hombre me respondió no, miras hacia dentro que ahí la tienen tapada con un paño blanco.

Pues tremendo susto el que me pegué, pues yo no me había percatado de que tendida largo a largo en la puerta de entrada, allí se encontraba ella (la señora fallecida) confieso que salí un poco aturdida de allí, debido a que la gente va a los bancos a buscar un poco de dinero, pero nunca a encontrarse con un muerto.

Al salir del establecimiento bancario me encontré con una señora y le pregunté ¿qué ha pasado aquí? y ella me contestó: se murió una señora, parece que de un infarto, es extranjera y vive en tu barrio, según me dijo mi hijo que de paso es policía y participó en el caso junto con la parte médica y los servicios de emergencia, entonces mi curiosidad aumentó aceleradamente, ya que no había podido obtener la identidad de la persona, porque como dije, el banco estaba cerrado y el cuerpo cubierto con un paño blanco y sin saber su identidad como residente en una urbanización donde casi todos los que vivimos allí somos extranjeros, pero europeos en gran mayoría.

Debo volver a confesar  que al enterarme del caso casi me da un infarto en el mismo lugar de los hechos, ya que es impresionante ir a un banco y en vez de dinero le presenten a un muerto, y como utilicé el automático para obtener algunos billetes al salir de allí me fui a un locutorio en aras de enviar algún dinero a Santo Domingo con la finalidad de resolver un asunto económico familiar.

Al entrar al mismo me puse a conversar con Jordi el dueño del negocio y le comenté los hechos que acababan de pasar, y este que sabe que la situación económica en este país va muy mal, me contestó: es que esa señora al ver cómo estaban los números de su cuenta bancaria se cayó muerta, esto fue sólo un chiste de mal gusto hecho por el pequeño empresario.

En realidad Jordi no deja de tener razón, pues la situación económica no es envidiable actualmente y cualquiera sabiendo cómo están los precios del costo de la vida en sentido general es capaz de caerse muerto ya no sólo de un infarto, sino de impotencia y desesperación cuando los números de las cuentas bancarias no cuadran debidamente.

El fallecimiento de aquella dama que luego me enteré es de nacionalidad francesa aunque nunca supe su nombre, no ha sido un cuadro de crónica de una muerte anunciada, sino un ataque fulminante al corazón.

No todo el mundo tiene la suerte de tener una mina de lo que sea, ni siquiera de oro negro, como tienen gran parte de los países árabes, también del Sur o Centroamérica, donde muchas personalidades sin tener una de esas minas reciben cantidades inmensas de los recursos que generan a cambio de simple amistad, es por ello que la gente anda mal porque no existe una equidad de la distribución de la riqueza.

Muchos regímenes dispendian los recursos en comprar simpatías ajenas, que a lo interno no tienen ningún valor, mientras  los ciudadanos de estos países se caen a pedazos porque no tienen los más mínimos recursos para solventar sus necesidades perentorias; estamos viviendo en tiempos que demandan ser austeros porque por doquier están apretando la tuerca y se prevé que aún vienen  momentos peores.

Quizás Jordi tenga la razón, y es que el presupuesto de la gente de abajo anda muy corto y en realidad a cualquiera le da un infarto, ya no solo en la puerta de un banco, sino en cualquier lugar cuando uno ve que los recursos están tan limitados, mientras otros, aquellos que no tienen grandes virtudes ni intelecto dispendian lo que les corresponde a un conglomerado, porque a través de la políticaca tuvieron acceso a ellos no por vía al trabajo, sino por medio al tráfico de influencia.

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