Ante la desmoralización y la estafa, mi voluntad es el cambio

Escrito por: Hipólito Mejía Candidato presidencial del PRD

El irrespeto y la irracionalidad son las normas vigentes para el Gobierno, su partido y su candidato presidencial. Lo que ellos entienden les conviene es lo que se hace, independientemente de los perjuicios que reciba el país, del daño a la salud de la economía y de que se violenten las leyes y la propia Constitución de la que tanto se ha ufanado el equipo de gobierno y su candidato.

El fin de semana que transcurrió, el presidente Fernández salió a las calles de la provincia de Santo Domingo a desempeñar la vergonzosa misión de degradar la presidencia de la República, posición que desempeña desde hace ocho años, en un proselitismo electoral que pone en evidencia la desesperación en que se encuentra: promueve un candidato que necesita, casi con desesperación, el empuje de otros, porque como se ha podido constatar por sí mismo no logra la simpatía que se requiere para competir con la dignidad suficiente por la candidatura presidencial.

Han tratado de encontrar el modo de presentarlo, han ideado todos los comodines posibles, lo han puesto en reuniones con presidentes de países amigos, como Colombia y Brasil, con deportistas que tienen fama y prestigio por sí mismos y por sus destrezas, con los artistas y comunicadores, y próximamente lo pondrán con comerciantes, empresarios y con todo aquel que haya logrado una pizca de éxito.

Esas muletas brillan por sí mismas, pero el objeto no termina de encajar y es difícil transmitir el prestigio, el reconocimiento, el liderazgo o el pase de la antorcha, como ya dijo en el 2007 el propio Leonel Fernández sobre Danilo Medina y la herencia en su organización. Algo que todavía deja arrugado al actual candidato presidencial gobiernista.

Pues bien. Para intentar sostener una candidatura mínimamente animada, el Gobierno se ha decidido por utilizar los recursos públicos más allá de lo que ha sido habitual en los procesos electorales dominicanos. Una primera consecuencia de esa falta de consideración con el país es que ya no tenemos un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las flexibilizadas normas del FMI no sirven para la  República Dominicana. Hemos incumplido el acuerdo y por razones políticas, no económicas, el Gobierno dejó morir el acuerdo para tener manos sueltas en la campaña electoral. Y la tienen, y con cuanto desparpajo utilizan los fondos del Estado. El país es testigo de lo que decimos. Las calles, las carreteras, los puntos emblemáticos de observación de la naturaleza han sido ensuciados por la apabullante promoción de la candidatura oficial.

Miles de millones de pesos están siendo utilizados en esa promoción, a la cabeza de Víctor Díaz Rúa, que se cree muy listo, con supuestos contratos firmados para permitirle a la campaña de su partido servirse como siempre lo han hecho de los recursos del Estado. Sobre él y el pretendido filántropo y senador de San Juan, Félix Bautista, hablaré próximamente.

Y los medios de comunicación están repletos de publicidad estatal, pagada por instancias oficiales como si fuese promoción “educativa”. Y en esa bestialidad no han obtemperado ni siquiera en el uso de los recursos del Seguro Médico de los Maestros, firmando contratos multimillonarios con medios para pagar publicidad que nunca servirán para nada ni para nadie distinto del Gobierno y su grupo de aprovechados.

Y con la misma intención de controlarlo todo, el país es testigo de la forma en que se desprecian las urgencias y necesidades de las poblaciones más olvidadas. Se les niegan recursos a la educación en los momentos en que realmente pueden ser efectivos esos recursos, y se les entregan a un candidato presidencial para su promoción política. Las calles y caminos de los pueblos nunca han visto en este Gobierno una pizca de asfalto, pero ahora lo podrán ver. Quieren conseguir el voto y lo hacen con la petulancia con que lo dijo Leonel Fernández en septiembre del 2011 en la ciudad de Nueva York.

Los 40 mil millones que según Fernández serían distribuidos están circulando en los bolsillos de los dirigentes del PLD y del Gobierno. Como no hay acuerdos con el FMI ese dinero está circulando, buscando votos, no el desarrollo del país ni superar las deficiencias y debilidades institucionales. Estos son los dirigentes que dicen ser modernos, globalizadores, institucionalistas y constitucionalistas. Es la vergüenza y el despilfarro en acción.

Es la forma de matar moralmente a la sociedad dominicana. Es la manera de eliminar la pobreza: sin políticas sociales y con miles de dominicanos desmoralizados yéndose en yolas hacia alta mar, en busca de un destino distinto.

La sociedad dominicana debe reconocerse en las debilidades que tiene, en la falta de un liderazgo gubernamental decidido a cambiar el rumbo del país. Quieren mantener la pobreza, la miseria, el analfabetismo porque esas vergüenzas son las que les conceden poderes de perpetuidad a los dirigentes del PLD, que se olvidaron del lema de servir al pueblo, en el que tanto empeño puso Juan Bosch.

“Leonel se mete de lleno a la campaña” decía el titular del sábado del Listín Diario. Ese mismo diario traía, en la nota anexa de portada a los niños y niñas de la escuela La Altagracia, de Katanga, en Los Mina, recibiendo docencia en los pasillos porque las aulas están agrietadas. ¿Cuál debe ser la prioridad de un presidente, atender las necesidades de la población a la que debe servir o hacer campaña en una contienda en la que él no es candidato?

Precisamente el mismo día que Fernández salió a hacer campaña electoral una frágil embarcación con más de 70 dominicanos y dominicanas que perdieron las esperanzas se lanzó al mar Caribe, a buscar las costas de Puerto Rico, porque este Gobierno en ocho años no les ha brindado una expectativa de mejoría, de mitigación del hambre, de la miseria, de apoderarse políticamente. Y hasta eso le han quitado estos gobernantes al país, la capacidad de pensar en una sociedad con menos privilegios y con más equidad. Mientras los dirigentes del PLD nadan en el boato, en la abundancia y se convierten en políticos y funcionarios extravagantes, el país se lanza al mar, desesperado por la pobreza, las injusticias, la impunidad y muchas de las lacras con las que convivimos. Han desmoralizado a esta sociedad, le han robado los sueños a la juventud y le han secuestrado la esperanza al país.

Y como todo se vale, en especial hablar mentiras, aquí los funcionarios proclaman en los medios de comunicación que distribuirán las riquezas creadas por Leonel, que al país vendrán los inversionistas de los países ricos, que los jeques de Abu Dabi invertirán, que habrá miles de millones de dólares en el sector eléctrico, que las zonas francas florecerán, que la delincuencia se acabará, que cuando Danilo asuma y de continuidad al Gobierno tendremos la instalación del paraíso terrenal.

La vergüenza se ha perdido. Nadie puede representar un cambio si admite que desea mantener el estatus o que es la continuidad de lo establecido. Esa es la gran paradoja de la política actual y del proceso electoral en que nos encontramos.

He recorrido el país de punta a punta, cada día veo y hablo con muchas personas que desean transmitirme su estado de calamidad, sus frustraciones. Veo a los creadores de empleos, a los productores, a los campesinos, jornaleros, trabajadores, empleados públicos y del sector privado sin perspectivas. La gran inversión del Gobierno se concentra en la Capital, y en particular en la segunda línea del Metro, mientras el país se cae a pedazos, mientras la gente no sabe cómo hacer frente a una carretera intransitable, a una escuela destartalada o a un camino imposible para transportar productos agrícolas.

¿Dónde está la globalidad o la modernidad? ¿En el Metro, en Funglode, en los elevados y los túneles de la 27? Los entaponamientos son el pan nuestro de cada día, y todo sigue igual en políticas sociales, en salud, en educación, en miseria, y los gobernantes no tienen una idea de hacia dónde debemos encaminar al país.

He dicho, digo y diré que soy la diferencia, que tengo la voluntad, la decisión política y moral, la compañía, el equipo, el programa y los aliados para transformar el estado actual de desmoralización social colectiva. Tengo el apoyo del país y no voy a defraudar a mi pueblo en esa voluntad.

Si hay una razón para que yo esté en política en este momento es precisamente para hacer un cambio, para demostrar que es posible cambiar un país cuando se tiene voluntad. Ese es mi gran desafío y estoy convencido de que lo voy a completar.

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