Armado hasta los dientes

Armado hasta los dientes

imagesCésar Medina

lobarnechea1@Hotmail.com

En casi cinco años viviendo en Madrid jamás he visto a un civil portando arma de fuego. Sólo la autoridad tiene ese privilegio exclusivamente cuando está en servicio para garantizar la seguridad ciudadana.

Y en el Reino Unido a quien sorprenden con una navaja con más de tres pulgadas termina en la cárcel condenado a penas que van de entre cinco y diez años. Y cuando se trata de un arma de fuego ilegal, la pena puede oscilar entre 15 y 20 años de reclusión.

Además de que el riesgo que se corre es enorme porque si es sorprendido y comete cualquier imprudencia o movimiento en falso, es ejecutado en el mismo lugar. Hay abundantes ejemplos.

La ley es dura frente a este tipo de delito porque se considera que quien porta un arma, así sea una navaja del tipo sevillana, es potencialmente un criminal que pone en riesgo la vida de todos los ciudadanos.

Las armas en poder de civiles se consideran instrumentos criminales de ofensa, jamás caen en la categoría de armas deportivas o de defensa.

En todos los países de la Unión Europea se aplica con el mayor rigor la prohibición del porte de armas, y en muchos casos la permisología para la tenencia de un arma de fuego– jamás su porte, sino tenencia–, puede durar muchos años.

Contrario a Estados Unidos
En Estados Unidos todo el mundo tiene acceso a las armas de fuego. Se venden libremente rifles, ametralladoras, pistolas, revólveres, pero limitado al uso deportivo o para la defensa personal o familiar. Se permite la tenencia, no el porte.

Un ciudadano que haya adquirido un arma legalmente puede tenerla en el hogar, en la guantera o en el maletero del auto, pero no puede llevarla sobre su cuerpo.

Las tiendas de armas llevan registros y canalizan los permisos con las autoridades y una vez cumplido con esos requisitos, suelen enviar el arma por correo. Sólo cuando hay antecedentes criminales o desequilibrios siquiátricos se veta la venta y se deniega la licencia.

Se calcula que cerca del 20 por ciento de la población norteamericana tiene o ha tenido arma de fuego alguna vez. El tema constituye un viejo debate que se remonta a sus inicios como nación libre e independiente.

Las veces que se ha intentado legislar para evitar el uso masivo de armas deportivas o de defensa personal, los norteamericanos se escandalizan porque consideran que es parte de su cultura y un derecho que no se les puede conculcar.

Las armas dominicanas
Sólo bajo registro de Interior y Policía, hay casi 500 mil ciudadanos dominicanos con permiso para “el porte y tenencia” de armas de fuego.

Se estima que por cada arma registrada legalmente hay por lo menos tres ilegales. O sea, que actualmente en nuestro país pudiera haber dos millones de gente armada. El 20 por ciento de la población.

Los requisitos para obtener el permiso parecen rigurosos, pero realmente no lo son. Hay miles de casos de personas que no califican para llevar un arma, pero se las ingenian para obtener la licencia y andan con el pistolón al cinto.

Muchos criminales, personas atrapadas por la comisión de asesinatos viciosos, atracos y amenazas a civiles indefensos, tenían permiso legal u oficial para llevar las armas utilizadas para delinquir.

Es un problema muy serio que algún gobierno tendrá que acometer.

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