«Hay un país en el mundo» homenaje al Poeta Nacional Pedro Mir por su centenario

 

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Santo Domigo.- Pedro Mir, de vivir hoy, sería un “tuitero” apasionado y usuario de Facebook, sostuvo su hija Celeste Mir, quien resaltó su pasión por la tecnología al relatar a 7dias.com.do  las facetas menos conocidas del poeta más emblemático del siglo XX, durante la celebración del centenario de su nacimiento en el cementerio Cristo Redentor.

Al encuentro se unieron otros familiares, poetas, intelectuales y autoridades, quienes, sosteniendo sombrillas negras, leyeron frente a su tumba “Hay un país en el mundo”, el “poema de la Patria”, como le llamó la coordinadora general del Comité de Amigos de Pedro Mir, Verónica Sención, al legado más reconocido del poeta.

“Hasta el último momento era una persona que se aferraba a la vida porque la disfrutaba: disfrutaba la vida, disfrutaba la juventud, los avances, estar atento a las últimas noticias; murió a los 87 años y el aún llevaba la vida con un espíritu muy joven”, afirmó Celeste.

Mir, narró, era afectuoso y cariñoso y ponía ante todo la familia. Siempre insistió, sin importar las obligaciones externas, en mantener la tradición de que toda la familia se juntara a comer, ese tiempo sacro era para el poeta un símbolo de la unidad familiar.

Quizás una de sus actividades preferidas era conversar: “le gustaba reunirse con amigos, hablar interminablemente, las visitas le llegaban en cualquier momento; ponerse a conversar con ellos no tenía fin, porque le emocionaba mucho, hablaban sobre arte, historia, poesía, historia, política…”.

“Cuando yo lo extraño”, continuó Celeste, “la mayor parte de las veces, lo extraño porque hay cosas que están ocurriendo en el mundo que yo quisiera contarle, porque yo sé que él las disfrutaría mucho”. Estaba constantemente enterado de los avances tecnológicos y no temía al cambio.

Contó que Mir pasó sin vacilación de la máquina de escribir manual a la máquina de escribir eléctrica, luego al procesador de datos y finalmente a la computadora: “en el momento de su fallecimiento (2000), que estaba ya bastante enfermo, tenía computadora, tenía internet y manejaba correo electrónico”.

El deseo de su hija es que las nuevas generaciones, que no coincidieron en vida con Mir, lo recuerden como un patriota, “como una persona que por encima de todo amó profundamente su patria y dedicó toda su vida a ver su patria como él esperaba verla, y sacrificó mucho por eso, entregó mucho por eso”.

Manifestó que en estos momentos la República Dominicana necesita más que nunca de patriotas; patriotas vivos, pero sobretodo de la memoria viva de aquellos patriotas que una vez hicieron estremecer a un pueblo.

Y es que tanto para Celeste como para la poeta Ángela Hernández y el rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Mateo Aquino Febrillet, el arte es inexorable para transformar realidades. Febrillet recuerda que a través del teatro fue que la Trinitaria hizo lelgar su mensaje a grandes públicos, “una canción, una sola estrofa, un solo verso puede significar mucho, puede impulsar un cambio”.

Hernández agrega que “para lograr transformaciones profundas lo primario es la sensibilidad, cómo la gente percibe las cosas, cómo las siente, eso es lo que lleva a tener una actitud crítica, eso es lo que lleva a actuar y la poesía pule la sensibilidad, la profundiza”.

La poeta resaltó la insondable sensibilidad de Pedro Mir, lo que, junto a su singularidad e intuición, le permitieron “sintonizarse con el pueblo dominicano, con la época y con las necesidades de la época”, haciendo de Mir “el poeta más amado del siglo XX.

“En mi tiempo estudiantil era la voz emblemática para los estudiantes, para la juventud de los barrios populares para la gente de los campos en los que se recitaban sus poemas, incluso en medios como en las Fuerzas Armadas llegué a escuchar a los hijos de altos oficiales desafiar a sus superiores para montar en el mismo centro de San Isidro un monumento para el poema ‘Hay un país en el mundo’, eso demuestra hasta dónde su caló en el pueblo”, recordó Hernández.

La patria de Mir

Pedro Mir aspiraba a una mejor sociedad, “una patria libre, autosostenible”, rememora su hija, una patria “donde se respetara el ambiente, los recursos naturales, donde todos tuviéramos las mismas oportunidades, donde la educación nos alcanzara a todos, donde los recursos se repartieran de manera equitativa, es esa patria ideal que tal vez todos pensamos y que es difícil de lograr pero que con el aporte de cada uno de nosotros podemos poco a poco ir llegando ahí”.

Pedro Julio Mir Valentín, nacido el 3 de junio de 1913, tuvo cinco hijos, dos de su primer matrimonio y tres del segundo con doña Carmen (Carmina) Mesejo. Celeste es bióloga mientras sus hermanos otros hermanos son doctora, ingeniero en sistema e ingeniero químico.

Un llamado a las autoridades

Frente a la tumba de Mir, Ángela Hernández llamó a las autoridades a aprovechar la celebración para comprometerse con el fomento y desarrollo de la poesía y al arte en general. “Creo que si el Ministerio de Educación quiere honrar a Pedro Mir debe resituar la poesía en la enseñanza y en las escuelas y en la sensibilidad de niños, niñas y jóvenes (…) en todos los liceos y escuelas se debe incorporar como una práctica común”, reclamó.

El director de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, Diómedes Núñez,  también se refirió a las carencias que hay con respecto al apoyo al arte y la poesía. Catalogó este como un momento oportuno, en el que desde el gobierno se trabaja para garantizar una educación de calidad y se propone la meta de declarar al país libre de analfabetismo en dos años, “dentro de la educación la cultura lleva un papel fundamental”, insistió.

 

amodom/ 7dias.com.do
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