¿Independencia o separación? (Parte 2)

¿Independencia o separación? (Parte 2)

Amín-Arias-Garabito-150x150Amín Arias Garabito

(Apuntes necesarios para la comprensión del proceso libertador dominicano).

Parte II.

Cuando se habla de ocupación y sometimiento cualquier mortal piensa en opresión, esclavismo, vejaciones… Pues si somos realistas y llevamos por bandera la justicia, los dominicanos debemos reconocer que nada de eso hubo durante los años de la ocupación haitiana de la parte Este de la isla.

Los propios escritos de nuestros patricios, sobre todo los que nos han llegado de Juan Pablo Duarte, no hablan de ese tipo de vejaciones. Hablan, claro está, de lo que significaba estar «sometido» a otro pueblo que no era el propio, a una gente con la que no se identificaban, a pesar de que llevaban conviviendo más de veinte años de forma unificada y más de un siglo desde que se estableció en el Occidente de la isla la colonia francesa de Saint Domingue.

«Ocupación» para los líderes de la revolución dominicana venía a ser algo que encerraba un sentido más retórico, más ideal, porque el pueblo, aunque tenía ciertas limitaciones en su accionar (lo que era lógico si pensamos que quien gobernaba era un dictador y todos los dictadores ejercen su poder férreo sobre los ciudadanos), era un pueblo libre y disfrutaba de las mismas prerrogativas que los haitianos del otro lado de la isla. Era tanto así que se intentó obligar mediante decreto presidencial repartir de una forma solidaria entre los ciudadanos de ambas partes el cargo del pago de la deuda contraída con Francia a cambio del reconocimiento del país como una República insertada en el orden mundial, a lo que los dominicanos se negaron en todo momento al entender que no era una deuda que les correspondía pagar a ellos.

Los pobladores de Oriente y Occidente eran ciudadanos del mismo país, por tanto eran iguales ante la ley; tenían los mismos derechos y las mismas obligaciones. Cosa distinta fue la mano dura ejercida por algunos «boyeristas» que sí se pasaron mucho de la raya perpetrando asesinatos, violaciones e innumerables atropellos contra la población según relatan en primera persona personajes que vivieron aquel momento histórico, pero que en ningún caso fue una política ejecutada por mandato gubernamental.

De hecho, de este lado de la isla se establecieron innumerables familias haitianas que se arraigaron tanto que posteriormente se quedaron y se unieron a los fuerzas separatistas dominicanas, adoptando la nacionalidad dominicana una vez fue proclamada la República. De ahí nos viene la innumerable cantidad de apellidos de origen francés diseminados por todo el país, que entraron en el Este provenientes de Haití.

Cuando se produjo la unificación de la República en 1822, sin que, por cierto, se produjera un solo disparo y sin la necesidad de tener que aplastar mediante la fuerza a la población ya que no hubo resistencia, Boyer creó dos nuevos Departamentos en la parte Este: el Departamento del Cibao, que comprendía todo lo que hoy conocemos como la Región Norte o Cibao, y el Departamento del Ozama, que estaba formado por las actuales Región Sureste y Región Suroeste.

El Batallón de Morenos compuesto por los antiguos esclavos negros y mulatos, muchos de ellos provenientes de Haití como su jefe Pablo Alí, fue convertido en el Regimiento 31 a la vez que se creó el Regimiento 32 compuesto exclusivamente por dominicanos, también de todas las tonalidades. En el Cibao, por su parte, se formó el Regimiento 33 con las mismas características que los dos regimientos del Ozama. Boyer repartió tierras a todos los ciudadanos del Estado, tanto a haitianos como a dominicanos, entregándoles por primera vez en la historia títulos de propiedad y acabando con el sistema de «tierras comuneras» heredado de la época del dominio español que era bastante desigual.

El tan famoso cierre de la Universidad Santo Tomás de Aquino, Primada de América, no fue tal. Boyer no ordenó el cierre de la universidad como siempre se ha dicho, lo que sí hizo fue acabar con todos los privilegios de la curia dominicana a la que quitó sus propiedades y suspendió el pago de un sueldo a los sacerdotes a cuenta del Estado, ya que defendía, según el pensamiento laico republicano, que la Iglesia debía autogestionarse.

El Arzobispo Velera se negó a reconocer la autoridad de Boyer como Jefe del Estado y seguía considerándose súbdito del Rey de España. Esa guerra abierta irritó demasiado al Presidente quien tomó la decisión de ahogar económicamente a la Iglesia quitando incluso el sueldo a los sacerdotes que ejercían de profesores en la universidad. Este hecho unido al decreto de ingreso de todos los jóvenes de entre 16 y 25 años a las filas del ejército para que hicieran de forma obligatoria el servicio militar fue dejando paulatinamente a la universidad sin profesores, sin alumnos y sin recursos, por lo que los sacerdotes decidieron proceder a su cierre. Los sacerdotes regentes de la universidad cerraron la misma por falta de fondos, no hubo orden ni decreto del gobierno haitiano considerando su cierre como durante casi doscientos años se nos ha hecho creer.

Los veintidós años de «ocupación» fueron tiempos de una armoniosa convivencia, sin excluir las normales rebatiñas entre unos y otros y la eterna resistencia de los dominicanos a convertirse sin más en haitianos. Pero en general, dominicanos y haitianos vivieron en armonía. Eso queda demostrado en la activa participación de los dominicanos en la vida política y social del Estado haitiano. Un pueblo que efectivamente se encuentre sometido no tiene ese nivel de integración que experimentó la antigua parte española de la isla dentro de la República de Haití. Por ejemplo, la Asamblea Nacional contaba con representantes dominicanos; las alcaldías y los cabildos de los distintos pueblos de la parte Este estaban bajo el mando de dominicanos; los Comandantes Militares de las plazas de armas eran dominicanos. Aunque el idioma oficial era el francés no hubo persecución por el uso del español a pesar de la prohibición de su uso en los documentos oficiales. Se aprobaron decretos ventajosos para los comerciantes y ganaderos de la parte dominicana y se otorgaron préstamos para los grandes propietarios con condiciones especiales para su devolución al Estado. Los haitianos impusieron el respeto a la diversidad étnica ya que incorporaron a gente de todas las mezclas a los diferentes puestos administrativos que históricamente habían sido ocupados únicamente por españoles, franceses y criollos blancos. La abolición de la esclavitud proclamada por los haitianos a su llegada a Santo Domingo ayudó en gran medida a que eso se produjera.

Pero las ambiciones del Presidente Boyer y su mala gestión pública determinaron la ruina del país, condenando a la parte Este y a todo el Estado a la pobreza, por lo que surgió un movimiento de oposición impulsado por Herard y alentado en Santo Domingo por Duarte. Una vez más haitianos y dominicanos se conjuraron para hacer un cambio de régimen, derrocaron mediante un Golpe de Estado a Boyer y establecieron un nuevo gobierno, una nueva constitución y un moderno mecanismo de convivencia que sin embargo duró poco porque las intenciones de los trinitarios eran otras. Así llegó al poco tiempo la separación de Haití y el surgimiento de la República Dominicana.

Facebook Comments