Las dificultades de los becados del Mescyt

Las dificultades de los becados del Mescyt

 

Santo Domingo. Las dificultades de los profesionales dominicanos que cursan grados y maestrías en universidades en el exterior con apoyo del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Mescyt) son recurrentes desde casi el inicio del programa de becas, en el 2005, de acuerdo con testimonios ofrecidos a DL.

Retrasos de hasta cuatro meses en pago de manutención y de matrículas son los problemas más frecuentes.

Para Natalia, nombre ficticio, quien cursó una maestría en la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid), entre el 2008 y 2009, a los problemas ocasionados por el atraso en la manutención, se le sumó una complicación de salud.

Narra que pudo sobrellevar sus gastos durante el retraso de dos meses, gracias a sus padres, pero en diciembre del 2008 sufrió una hemorragia por varios días. El seguro médico estudiantil pactado en el contrato con el Mescyt no había llegado.

La atendieron en un hospital de la Seguridad Social, pero como no tenía número de afiliación, le informaron que los gastos le serían cobrados a su casera.

Contrariada, pidió consejo a la encargada de su cátedra, quien le recomendó que se inscribiera en el ayuntamiento como residente temporal. Así le otorgaron un número de Seguro Social. El seguro médico estudiantil llegó un mes antes que terminara la maestría, en junio de 2009.

«En ese proceso, mi madre, desesperada, fue al ministerio, donde asechó a doña Ligia (Amada Melo, ministra de Educación Superior). Cuando le contó mi situación, ella le respondió que lo mejor era que no nos enfermáramos, que la habían engañado con el seguro», afirma.

Los «eternos» retrasos

Tanto Natalia, como todos los profesionales que compartieron sus historias, bajo la condición del anonimato, confrontaron problemas por el retraso en el pago de manutención, situación denunciada en enero pasado por 15 profesionales que cursan estudios en Francia.

María, quien estudió en la Universidad Antonio de Nebrija en el año académico 2008-2009, contó con sus ahorros y la ayuda de sus padres, luego de que antiguos beneficiarios le advirtieran de esta reiterada dificultad. Julia, que estudió en la Universidad Rey Juan Carlos (2010-2011), apuntó que «uno sabía qué pasaba y se preparaba para ello». Ambas recibieron el pago acumulado de tres meses de retraso, y no afrontaron otros inconvenientes.

Igual situación vivió Luna, quien se matriculó en la Escuela Oficial de Idiomas de Sevilla (2007-2008). «Tardan mucho tiempo para pagar, y allá todo es caro, y nuestra economía no permite asumir esos gastos».

Pero el problema no se suscribe a becados en Europa. Marcos, un bachiller que viajó a EE.UU. en el 2005 con una beca para la City University of New York, afrontó este problema, con el agravante de que los retrasos afectaron su matrícula, cuya cobertura era parte de la beca.

Asegura que el Mescyt se tardaba en someter los pagos de manutención, que eran de US$300 al mes, por lo que tenían que recurrir a familiares. «Después, ellos mandaban todos los meses de retrasos, pero nos era difícil subsistir durante el período de limbo en que nos dejaban».

Sobre la matrícula, explica que el dinero, que debía ser depositado a la universidad, siempre se retrasaba, por lo que cada vez que debía reinscribirse corría el riesgo de perder la selección de materias.

«Los 20» de Salamanca

Entre los becados para el año académico 2013-2014 en la Universidad de Salamanca, en España, desde donde se denunció la amenaza de suspensión de tres estudiantes por falta de pago de matrículas, existe otro grupo, cuya situación los dejó en la calle en diciembre.

Melisa denunció que 20 jóvenes becados en esta universidad fueron informados «de boca», luego de firmar contratos donde se estipula la suma de 700 euros al mes para su alojamiento y manutención, que serían acogidos en la residencia Colegio Mayor de Oviedo, donde también recibirían tres raciones alimenticias por día, y que suponía el consumo de estipendio contratado.

Este convenio, que asegura Melisa no fue consultado con el grupo, establece que la residencia cierra durante las vacaciones de diciembre y de Semana Santa, por lo que en esos períodos tenían que cubrir sus gastos. A esto se adicionó otro detalle: la residencia está abierta hasta el 30 de junio, y las maestrías finalizan en julio de 2014.

El consejo en el Mescyt, afirma, fue renunciar a la beca. Cuatro estudiantes lo hicieron. Los 16 restantes asumieron los riesgos, luego de la promesa de que durante los cierres les reembolsarían los pagos convenidos, pero esto no se cumplió. Tuvieron que salir de la residencia y asumir sus gastos durante 19 días. «Muchos de nuestros padres han tenido que incurrir en deudas», lamenta.

También enfrentaron dificultades por el retraso en el pago de una equivalencia para sus matrículas, de 206 euros, que fue pagada en diciembre, por lo que desde septiembre hasta esa fecha no estaban en el listados de estudiantes, y no podían sacar libros de la biblioteca, ni entrar a la plataforma de estudios universitaria.

Sin respuestas del Mescyt, a pesar de los insistentes mensajes y llamadas, Melisa dice que el grupo solicitó detalles del convenio a la universidad, lo que les deparó una sorpresa.

«Nos dijeron que ese acuerdo consiste en que el Banco Santander nos da la beca de la matrícula, y que la manutención es mitad a mitad entre la universidad y el Mescyt, y que con los descuentos, la factura de la residencia es de 600 euros mensuales, de los cuales 300 los paga la universidad y 300 los paga el Mescyt. Entonces, ¿qué está pasando con los 400 euros restantes?»

Correctivos

La ministra de Educación Superior, Ligia Amada Melo, aseguró a DL que ya iniciaron la implementación de correctivos para solucionar estos problemas. Detalló que se creó una unidad que se encargará solamente de las transferencias de pagos, también una encargada de responder los correos electrónicos de los estudiantes y contestarles, y que se trabaja en un software para automatizar el proceso de transferencia.

 

 

diariolibre.com

8feb/amodom

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