Las domésticas tambien contribuyen al desarrollo

Por JHONNY ARRENDEL

Al colocar a las trabajadoras domésticas como ejemplo de que la corrupción se ha arraigado en la población, Hipólito Mejía incurrió en uno de los peores errores que pueda registrar la historia electoral dominicana.
En efecto, las asistentes del hogar tienen un impacto en esta sociedad que va más allá del número de féminas que se dedican a esas labores en la actualidad, que son muchas, por cierto.
Pero si consideramos una gran cantidad de hogares criollos que hoy se cimentan de manera sólida sobre las distintas capas de la clase media, encontramos que el esfuerzo de las trabajadoras de casas de familia resultó clave para levantarlos.
Esorgullo de muchos profesionales de éxito de hoy, recordar que sus madres impulsaron sus estudios básicos, medios y universitarios “lavando y planchando ropa ajena”.
Entonces, los vástagos de esas damas, y ellas mismas, tienen necesariamente que sentirse indignados, debido a la acusación de Mejía de que tienen tendencias a quedarse con lo que no es suyo.
Aunque en estos tiempos las mujeres ocupan cada vez un rol de mayor preponderancia en los centros de trabajo, y son mayoría en las matrículas de las universidades, en el pasado reciente las cosas eran diferentes.
Al migrar a la Capital y otras ciudades, las muchachas del campo tenían el trabajo domestico como principal opción para encontrar alguna protección laboral y familiar.
De hecho, la emisora Radio Guarachita, precursora de la bachata, se erigió en fenómeno de popularidad al basar su plataforma programática en esta realidad, y de hecho, fue el enlace entreestas mujeres y sus comunidades natales, en un mundo de entonces sin celulares ni internet.
Al ser acogidas en los hogares citadinos de cierta estabilidad económica, esas jóvenes y señoras campesinas, o provenientes de los barrios marginados, encontraron una manera digna de ayudarse a solventar los gastos familiares.
Pero, en base a extraordinarios esfuerzos, muchas de ellas completaron sus estudios en escuelas nocturnas, y luego dirigieron sus pasos al nivel superior y lograron titularse en alguna carrera y así realizar un cambio radical en sus estilos de vida.
Muchas de ellas, madres solteras, subrayan con satisfacción que con su labor arduade planchar, lavar, fregar pisos, cocinar y cuidar niños, se mantuvieron alejadas de cualquier actividad que denigre la condición humana.
Pero a pesar de que hasta los mismos dirigentes y militantes del Partido Revolucionario Dominicano admiten en privado que Mejía cometió un error fatal, sorprende que el candidato blanco no haya accedido a disculparse de manera pública ante estas dominicanas.
Mientras tanto, en diversas localidades las trabajadoras domesticas organizadas han comenzado a manifestarse en reclamo de que Hipólito Mejía retire su infamante afirmación de que si las dueñas de casa se descuidan, ellasroban el filete de las cocinas para alimentar a sus maridos.

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