¡Por fin! Caamaño va al Panteón

Cesar Medina, Embajador dominicano en España

Cesar Medina, Embajador dominicano en España

 

César Medina

En esta fecha tan importante en la historia dominicana– 24 de abril, inicio de la Revuelta Constitucionalista de 1965-, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó será exaltado al Panteón Nacional.

No será, de inmediato, con la presencia física de sus restos, como habría sido lo deseable. Pero estará en un cenotafio la memoria del militar y patriota más descollante del pasado siglo.

Y más adelante, una vez se confirme científicamente que los restos encontrados por Claudio en Nizaíto se corresponden con los del héroe de Abril, serán llevados y depositados para siempre en el pabellón de los inmortales de la patria.

La ocasión es la más adecuada para confirmar que la osamenta desenterrada por Claudio en aquellas estribaciones de la Cordillera Central pertenece a Caamaño.

Porque de lo contrario, las autoridades deberán emprender acciones legales y desplegar toda la logística necesaria para hallar sus restos.

La mayoría de los oficiales que participaron en la operación para exterminar las guerrillas están vivos aún. Ellos dicen que los incineraron y desparramaron sus cenizas en la zona. Pero los cuerpos sólo quedaron chamuscados y los enterraron rústicamente en el lugar.

Seguirá el debate


El traslado de Francis Caamaño al panteón Nacional reavivará nuevamente el debate sobre las circunstancias en que murió, fusilado por las tropas que lo perseguían junto a sus compañeros de guerrilla.

Se sabe que el héroe de abril resultó levemente herido en una pierna y que fue hecho prisionero e interrogado por más de seis horas en el campamento militar de Nizaíto, improvisado para dirigir las operaciones antiguerrilleras.

Incluso, fue interrogado hasta por dos agentes de la CIA que llegaron al lugar en helicóptero poco después de su arresto. Y de eso también hay testigos presenciales.

El hecho de que ahora  haya que construir el cenotafio donde simbólicamente estarán sus restos, es producto de la irresponsabilidad con que los mandos militares manejaron el caso en 1973 tratando de hacer desaparecer los cadáveres y luego manteniendo un silencio cómplice por 40 años.

Esta vez se trata de una acción del Estado sobre la que ellos– los jefes militares de aquellos tiempos– tienen que cooperar para su esclarecimiento. De no hacerlo espontáneamente, hay fórmulas para lograrlo.

El cenotafio


La palabra proviene del griego kenos, que significa vacío, y thapos, tumba. Los primeros registros históricos sobre este tipo de monumento provienen de la Antigua Grecia, que reservó ese reconocimiento a sus grandes héroes desaparecidos en conquistas guerreras.

En latín el vocablo se escribe cenotaphium, definido como “una construcción alegórica o tumba vacía en honor a una persona o un grupo de personas que se quiere recordar de manera especial para honrar su memoria”.

Muchos países veneran a sus héroes y mártires en cenotafios porque jamás encontraron sus cadáveres o porque fueron sepultados fuera de jurisdicción en tumbas desconocidas o como parte de entierros colectivos o en fosas comunes.

En España existe un cenotafio en una plaza pública de Madrid en honor a los héroes de la gesta independentista del 2 de mayo; en Buenos Aires hay un cenotafio que honra la memoria de los soldados caídos en la guerra de Las Malvinas en 1982 combatiendo contra los británicos. Cenotafios hay en Brasil, en Colombia, en Venezuela…

Pero el cenotafio más grande del mundo fue diseñado por el arquitecto francés Etienne-Louis Boullee para honrar la memoria del físico, filósofo, matemático, alquimista y humanista Isaac Newton, consistente en una gigantesca esfera hueca de 150 metros de altura, más alta que la torre Eiffel, simbolizando el universo.

El de Francis en el Panteón Nacional no será tan grande… Ni él lo necesita. Su grandeza es otra, es su ejemplo, es su patriotismo, es el amor que tuvo por su país… Y el país hoy se lo retribuye.

¡Porque amor con amor se paga…!

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